LLEGA EL ALBA PARA AMÉRICA

 

Marcos Domich

 

Un gran simbolismo acompaña la realización de la VII Cumbre Extraordinaria de La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Para empezar su divisa es “Por el renacimiento de los pueblos latinoamericanos”, lo que dejará de ser una simple consigna si realmente se avanza con seguridad  en las resoluciones tomadas sobre lo que es más importante para los pueblos: la integración y el desarrollo económico real y soberano de los países integrantes de la Alianza. La democracia, la libertad, la justicia social y la igualdad de los pueblos latino americanos y caribeños será una realidad sólida y duradera si se alcanzan, como se plantean, los objetivos del progreso económico.

 

Un período se cuestionó la concepción marxista del desarrollo de la sociedad humana. Se calificó a Marx de “reduccionista económico”. Algunos de los detractores no lo conocían ni por el forro. Fue precisamente Marx y junto a Engels que, en la “Ideología Alemana” (entre otras obras), que explica cómo la economía, la base material de la sociedad, determina la superestructura. En otras palabras y precisando la definición: cómo el ser determina la conciencia. Pero la conciencia social, y de ella forma parte la ideología, no es un epifenómeno inactivo, sino que tiene la capacidad de actuar y transformar su propia base. De esto se ocupó la Cumbre cochabambina del ALBA. Un honor para Bolivia, convertida en corazón real de América Latina y recordando aquel grito de guerra de la época de la primera independencia: “¡América será libre, porque Cochabamba lo quiere!”.

 

Un momento clave de la Cumbre es la aprobación de la moneda de transacción y cálculo entre los países de la ALBA, el SUCRE, que significa Sistema Único de Compensación Regional. Obviamente que entre los bolivarianos es una inocultable referencia al brazo derecho del Libertador, a Antonio José, el Mariscal  de Ayacucho. Para los bolivianos de gran valor por su mensaje al abandonar Bolivia - herido física y espiritualmente por la traición altoperuana -: “aun pediré otro premio a la Nación, conservar por entre todos los peligros la integridad de Bolivia”.  

 

Para convertir en realidad lo acordado no existe otro medio que la participación protagónica de los pueblos y de su accionar conjunto, convergente y con objetivos bien fijados. En ese sentido, está llamado a jugar un gran papel el movimiento social y popular coordinado internacionalmente. Es obvio que deberán moverse con una ideología de cambio social real: la transformación de sus sociedades y, en el plano exterior, de afianzamiento solidario de la soberanía y la democracia.

 

En proyección internacional, han tenido gran valor dos resoluciones: la que insta a poner fin a la usurpación del poder en Honduras y la restitución plena del Presidente Zelaya a sus funciones legítimas y constitucionales. La otra: condena una vez más la instalación de 7 bases militares en Colombia, país convertido en foco de guerra y que fustiga una carrera armamentista, cuando los pueblos necesitan pan y no armas.