LAS ARMAS SUCIAS

 

Marcos Domich (*)

 

La Real Academia de la lengua define “difamar” con extraordinaria precisión: “Desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando cosas contra su buena opinión y fama”. Hoy la derecha está activísima en la tarea de repartir bulos (muchos de ellos infamantes), referidos directa o indirectamente a uno de los protagonistas de la campaña electoral: a la candidatura oficialista y particularmente contra Evo Morales. ¿Qué más le queda? Es que no tiene otras armas para recuperarse después de las palizas que sufre en las urnas, desde diciembre del 2005. En ese propósito han viajado al exterior, delegaciones que pretenden tocar las puertas de la Unión Europea, del Parlamento Europeo, de la OEA y otros. ¿En qué materia piensan incidir los viajeros? Para abreviar las cosas en dos: Decir que en Bolivia hay un gobierno autoritario y violador de los derechos humanos, con todas las consecuencias que eso trae. Lo segundo es tratar de vender la imagen de que los caídos del comando terrorista-separatista de Rózsa fueron ejecutados y que Leopoldo Fernández está injustamente recluido y es poco menos que un angelito. ¿Pueden exhibir, de verdad, indicios creíbles y al menos una prueba que resista un examen pericial serio? A nuestro juicio ninguna. Los escucharán respetuosamente, como establecen las normas civilizadas, y los despedirán. No conseguirán absolutamente nada que avale la veracidad de sus bulos. La derecha viajadora lo sabe perfectamente. No busca otra cosa que lo dicho al principio: meter bulla, alimentar con eso su campaña carente de propuestas; en suma, acabar difamando e infamando.

 

En el ámbito de los medios locales ha reforzado su campaña difamatoria con la exhibición de videos que supuestamente probarían sus asertos. Toda una “prueba” inconsistente y sin valor jurídico por haber sido editada, término técnico que en este caso equivale a manipulada, contaminada. Quienes la hemos visto podemos decir que no confirman ni desmienten nada.

 

El domingo pasado se dio una confirmación de que la difamación infamante no tiene límites ni de tiempo ni de espacio; es duradera, extensa y casi siempre tiene un tinte definido, en este caso el anticomunismo. Se refiere a mi Partido y por ello permítaseme unas líneas adicionales. Rememorando el golpe de Todos Santos, en una emisora (de nuestra simpatía) el locutor difundió un artículo que describía el golpe. De pronto leyó, una frase: “El Partido Comunista colaboró con la dictadura” de Natusch. No pudimos conocer la fuente.

 

Quedamos con el sabor amargo de escuchar una acusación absolutamente irresponsable y completamente ajena a la realidad de los hechos. ¿Cuál el propósito de semejante afirmación? Pues no otra que echarle sombras al único partido marxista que ha quedado en pie después del vendaval que se cernió sobre las organizaciones políticas de izquierda. Es sabido cuántas han desaparecido, cuántas se han reducido a su mínima expresión y cuántas han mutado vergonzosamente, negando su pasado y transformándose en colaboracionistas del régimen neoliberal y sus nefastos gobiernos. Total, no será la última infamia contra el PCB, pero cada vez suenan más huecas y tienen menos efecto. Sobre todo no conseguirán mellar la contribución del PCB y ARA a la actual campaña de Evo.

 

(*) Miembro de la Comisión Política y responsable de RR II del PCB