¡BASTA DE IMPUNIDAD!

 

Marcos Domich

 

El sacerdote colombiano, Camilo Torres, ya hace algunas décadas, definió la esencia de la clase poseedora, la ultima ratio de los ricos: “entre perder la bolsa o la vida, los ricos prefieren perder la vida y no la bolsa”. Eso es lo que exactamente vemos en las ciudades de Santa Cruz y otras de la llamada “media luna”. Las escuadras fascistas se han exhibido sin pudor alguno, ante el mundo, como lo que son, vándalos. Todo con tal de defender, de preservar los bienes y haciendas de los que los han convertido en mercenarios. Parece no haber ninguna lógica en sus acciones: los bloqueos, la destrucción de instalaciones estatales y el perjuicio a la producción les afectan a ellos mismos. Agraden y humillan a quienes decían venerar; a militares y a policías que tienen autorización para  usar sólo elementos disuasivos, no letales, en su misión de preservar el orden público y el patrimonio del Estado boliviano e inclusive el privado. Lo peor del caso es que saben que no emplearán contra ellos armas letales. Con esa seguridad se acrecienta y se torna real su condición de impunes.   

Han llegado a algo que era inaudito en el accionar político nacional: destruir símbolos nacionales, como el escudo boliviano. Es aquí donde aparece la lógica de sus acciones: Al no triunfar con el golpe contrarrevolucionario y no poder derrocar al gobierno de Evo, lo que les queda es intentar la división del país, la secesión. En eso están y parece que a ultimar detalles viajó a Miami Marinkovic. Otras acciones también tienen su lógica. En  más de una ciudad, presa de los disturbios y la toma de instituciones, se han apoderado de las oficinas del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Han destruido computadoras y archivos que contenían datos acerca de la nómina de terratenientes y las extensiones de tierras que poseen. Como una mala jugada del destino en la mañana misma de los asaltos, La Prensa, publicaba la lista de los 10 principales latifundistas del departamento del Beni. Poseen 181.000 has. de más. No resultó ninguna sorpresa la presencia de apellidos de connotados políticos de la derecha (Guiteras, Sattori, Antelo y otros).

A todo esto surge una pregunta urticante al gobierno y en general a quienes se dicen del campo patriótico y popular. ¿Hasta cuándo se va a soportar estos desmanes contra la dignidad de las personas, contra el régimen democrático y  hasta contra la integridad misma de  Bolivia?

Nadie en el país ni en América Latina ni en el mundo, ha olvidado la terrible “técnica de la contrarrevolución”. No necesitamos ir a los ejemplos de los nazis o de los franquistas. Más cerca están los de Videla en la Argentina, de Bordaberry en Uruguay, de Pinochet en Chile. Todos eran cruzados “contra el terrorismo y el comunismo”; portaestandartes de la libertad (¡!) del cristianismo, pero sobre todo defensores de la sacrosanta propiedad privada. ¿Alguien ha olvidado que el operador en Chile se llamaba “Patria y Libertad”.

Basta de contemplaciones. Las masas organizadas y disciplinadas tienen que acudir en defensa de los atribulados pueblos surorientales, de la democracia y de la Patria única, unida y soberana. No hay dónde perderse: ¡Muerte al fascismo!