VENCEREMOS UNA
DURA BATALLA
Marcos Domich
1.- El referendo revocatorio, que se verificará el 10 de
agosto, se lo hará en medio de una gran tensión política. La tensión social, a
nuestro juicio, es una tensión derivada de la primera, aunque goce de cierta legitimidad.
Decimos esto porque no es una “casualidad” que ambos fenómenos se hayan
agudizado al extremo que se ve, precisamente en los 10 últimos días precedentes
a la consulta.
El referendo revocatorio no lo quiso nunca la derecha. Es
que ésta jamás practicará el referendo revocatorio de mandato, sino
cuando está segura de derrotar a un gobierno progresista o de izquierda y que
objetivamente esté afectando a sus intereses. Cuando está en el gobierno ni
pensar en una medida que equivaldría a un suicidio.
Cuando la figura del referendo adquirió status
constitucional, en Bolivia, fue gracias a la presión de las masas ya en tiempos
de Sánchez de Lozada como una exigencia popular para
oponerse a la venta del gas, a los Estados Unidos, por intermedio de las transnacionales.
Sánchez de Lozada fue defenestrado por una verdadera
insurrección popular en Octubre de 2003 y fue su sucesor (Mesa) el que logró la
aprobación del referendo todavía por el viejo parlamento.
A fines del año pasado y frente a las trabas crecientes
de la derecha y particularmente en una suerte de desafío a medir fuerzas
políticas, Evo Morales presentó un proyecto de referendo revocatorio de mandato
para la presidencia, vicepresidencia y las prefecturas. El proyecto fue
ampliamente aprobado en diputados, donde el MAS es mayoría, pero se trancó en
el senado donde la derecha tiene una precaria mayoría. Todo el mundo se olvidó
del proyecto y la lucha política siguió dura y fuerte pero por los canales
habituales. Hasta que un día, el principal partido de oposición Poder
Democrático y Social (PODEMOS), después del cumpleaños de su jefe y una
abundante libación de bebidas espirituosas, eufóricos, creyeron que ganaban la
consulta y que Evo se iría a su casa como por un tubo. Éste aceptó el reto de
inmediato y provocó verdaderos terremotos en la derecha: Acusaciones de
traición, de irresponsabilidad, de disputas mezquinas por la primacía en la
oposición, etc.
Como se siente perdedora de antemano, ya que por esta vía
no podrá “derrocar al indio”, la derecha y todo su cortejo (incluidas escuadras
fascistas) han inventado todo tipo de pretextos para que no se realice la
consulta popular; incluso saben que más de uno de sus prefectos va a caer. Por
eso han recurrido también a incitar ciertos movimientos sindicales y sociales. Estos,
con una COB debilitada a la cabeza, plantean con perentoriedad la aprobación de
una ley de pensiones que derogue la neoliberal de las AFP,s (Administradoras de Fondos de pensiones). Los
discapacitados también quieren lo suyo y plantean aumentos sustanciales de sus
ayudas pecuniarias. Por el lado de la derecha los comités cívicos han ingresado
a una huelga de hambre (¡!) exigiendo la devolución de una parte del IDH
(impuesto directo a los hidrocarburos) que se dedica a un bono para la vejez.
Hay otras demandas más, pero todas las apuntadas tienen un gran impacto sobre
la normalidad del trabajo ciudadano. Algunas Cortes Departamentales Electorales
han sido “ocupadas” y es obvio que en esas condiciones el proceso electoral
puede ser boicoteado o, por lo menos, no ser completo en su dimensión numérica
y territorial.
Por eso es correcto decir que el 10 no se producirá “la
madre de las batallas”. Esta vendrá inmediatamente después. Vendrá cuando la
derecha exhiba toda su batería de argumentos para desconocer el éxito de Evo
Morales, el apoyo por los avances logrados y por la esperanza de alcanzar hitos
en el cambio social. La izquierda marxista, no sólo el Partido Comunista, creen
que una victoria significativa contribuirá al anhelado “golpe de timón” que
rectifique fallas y defectos que existen en la gestión del gobierno popular.
2.- Lamentablemente hay una coincidencia objetiva entre
las acciones de la derecha y las de algunos dirigentes sindicales. Pero en la
experiencia boliviana es casi una certeza que las acciones de estos últimos
están provocadas por infiltrados bien remunerados por los organismos de
inteligencia extranjeros. Tampoco se puede ignorar la presencia de algunos
dirigentes sindicales, hace tiempo descalificados, que se imponen en un
ambiente sindical, verbalmente muy radical y activo y con una clase obrera muy
joven que no ha recuperado las tradiciones revolucionarias y clasistas,
afectadas por el neoliberalismo.
Sin embargo la influencia sobre los resultados del
referendo mismo no será muy grande. Ya antes de estos enfrentamientos el mapa
político en el país estaba bien trazado y señalaba un predominio de las fuerzas
populares.
3.- La salida a esta prolongada crisis no será inmediata,
tardará un tiempo, pero existe. Tampoco se puede ignorar que esta crisis es multifacética y en esa razón se prolonga desde hace varios
años. Es imposible, para comenzar, que la faceta económica de la crisis se
pueda arreglar en un país pequeño y pobre como Bolivia, inmerso, de otra parte,
en la economía capitalista mundial que atraviesa una crisis grave. Pero en suma,
diremos que la solución a la crisis vendrá por la derrota contundente de uno de
los polos de la disputa actual. ¿Quién vencerá a quién? Es la pregunta propia
de las circunstancias. Nosotros, no por un optimismo fingido o de tontos
envanecidos, decimos que está batalla será ganada por el pueblo boliviano. Será
muy dura, demandará mucho sacrificios y acaso una sangre que nunca quisiéramos
ver derramarse. Pero las buenas causas exigen entender las cosas de esa manera.
Para concluir, y agradeciendo la concesión de este
espacio, queremos decir que la batalla boliviana forma parte de una batalla más
grande: de la batalla latinoamericana, del avance de sus pueblos, de aquel
movimiento que está sacando al imperialismo de los quicios de la razón.