QUE RIJA LA NUEVA CARTA MAGNA

 

Marcos Domich

 

Es innegable que el 25 de los corrientes se ha producido una victoria popular y no hay argumentos valederos para negarla o invalidarla. Cualesquiera que sean la distribución geográfica, la estructura social de la votación o las orientaciones ideopolíticas que han conformado las cifras finales, la NCPE ha dejado de ser proyecto para convertirse en la nueva Carta Magna que rige el rumbo y apunta los destinos de Bolivia.

 

En cualquier parte del mundo un 61,43%, es una aprobación inapelable. Es obvio que los resultados requieren una lectura cuidadosa, que no sea producto de ni de actitudes eufóricas ni de desánimos inmotivados. De un análisis adecuado debe desprenderse el plan de acciones políticas necesarias para plasmar en la práctica lo que ahora tiene un respaldo popular con fuerza constitucional. Lo importante es que la nueva constitución no sea algo que alguien pretenda meterse al bolsillo, a lo Melgarejo, ni sea una elegante edición para pavonearse con ella por aquí y por allá. Aunque se ha ganado a una mayoría para la aprobación de la NCPE, esta aun tiene que ser asumida por las masas como algo que le pertenece, ante todo los trabajadores del campo y la ciudad, la intelectualidad avanzada y la juventud. Quienes han votado en contra (38%) en su gran mayoría lo han hecho, estamos seguros, bajo la influencia de las poderosas baterías propagandísticas de la derecha. A estas personas hay que ayudarles a asimilar todo el contenido positivo de la nueva Carta Magna y contribuir a superar los prejuicios y sobre todo a despejar de sus mentes las falsedades y los temores que les han instilado. Hay que derrotar la campaña perversa de ciertos curas y sus medios que apelando a acendrados sentimientos religiosos de la gente poco informada, quieren restar valor a la nueva Carta Magna que es pluralista y respetuosa de los credos.

 

Es difícil resumir la esencia y el valor de la NCPE, nos limitamos a señalar que es importante paso adelante en muchas materias para el desarrollo histórico nacional: Reafirma y consolida el dominio del pueblo y el Estado bolivianos sobre sus recursos naturales y sus empresas estratégicas. Busca liquidar el latifundio y sus odiosas consecuencias sociales; defiende los derechos de los trabajadores y en el plano internacional asume una política de paz, de integración latinoamericana y de plena soberanía. En suma, busca hacer de Bolivia un país de iguales, democrático y solidario y busca el bienestar general. No es perfecta, sino perfectible. No es socialista, pero es una buena plataforma para la liberación nacional. Que quiere quitar casas, bienes, patria potestad, prohibir las religiones, etc. son disparates mayúsculos.

 

El quid del asunto está en cómo plasmarla en la vida social. Para esto, la nave conductora del proceso debe deshacerse de toda rémora. Los enemigos aprovecharán cualquier resquicio, cualquier fisura, cualquier debilidad y hasta cualquier hecho u acontecimiento ocasional para impedirlo. Los lectores habrán notado cómo el escándalo, en las altas esferas de YPFB, si acaso no ha hecho desaparecer los comentarios sobre el referendo, por lo menos los ha opacado. Pero la fortuita cortina de humo del escándalo les servirá de poco. El Presidente ha actuado como se debe, ha destituido ipso facto a Santos Ramírez, que traicionó su confianza, en cuanto conoció los graves indicios de la corrupción. Ramírez se ha suicidado políticamente. Empero no sólo el Estado debe castigarlo, debe castigarlo su partido. Quisiéramos ver en funcionamiento al Tribunal de Honor que debe sentar un precedente. La suerte del proceso y su progreso depende también una resuelta y transparente conducción.