QUE RIJA
Marcos
Domich
Es innegable que el 25 de
los corrientes se ha producido una victoria popular y no hay argumentos
valederos para negarla o invalidarla. Cualesquiera que sean la distribución
geográfica, la estructura social de la votación o las orientaciones ideopolíticas que han conformado las cifras finales,
En cualquier parte del
mundo un 61,43%, es una aprobación inapelable. Es obvio que los resultados
requieren una lectura cuidadosa, que no sea producto de ni de actitudes
eufóricas ni de desánimos inmotivados. De un análisis adecuado debe
desprenderse el plan de acciones políticas necesarias para plasmar en la
práctica lo que ahora tiene un respaldo popular con fuerza constitucional. Lo
importante es que la nueva constitución no sea algo que alguien pretenda
meterse al bolsillo, a lo Melgarejo, ni sea una
elegante edición para pavonearse con ella por aquí y por allá. Aunque se ha
ganado a una mayoría para la aprobación de
Es difícil resumir la
esencia y el valor de
El quid del asunto está en
cómo plasmarla en la vida social. Para esto, la nave conductora del proceso
debe deshacerse de toda rémora. Los enemigos aprovecharán cualquier resquicio,
cualquier fisura, cualquier debilidad y hasta cualquier hecho u acontecimiento
ocasional para impedirlo. Los lectores habrán notado cómo el escándalo, en las
altas esferas de YPFB, si acaso no ha hecho desaparecer los comentarios sobre
el referendo, por lo menos los ha opacado. Pero la fortuita cortina de humo del
escándalo les servirá de poco. El Presidente ha actuado como se debe, ha destituido
ipso facto a Santos Ramírez, que traicionó
su confianza, en cuanto conoció los graves indicios de la corrupción. Ramírez
se ha suicidado políticamente. Empero no sólo el Estado debe castigarlo, debe
castigarlo su partido. Quisiéramos ver en funcionamiento al Tribunal de Honor
que debe sentar un precedente. La suerte del proceso y su progreso depende
también una resuelta y transparente conducción.