EL CÁUCASO EN
LLAMAS
Marcos
Domich
Nunca como hasta ahora es tan evidente
que, la desintegración de la Unión Soviética, ha sido la catástrofe política de
la segunda mitad del siglo XX, y para el mundo entero. Convirtió al
imperialismo, cuyo rasgo central es el belicismo, en una fiera suelta. La desaparición
de la URSS posibilitó el colapso del campo socialista europeo. Los estilos
burocratizados de gobernar y el anquilosamiento partidario, facilitaron que, de
manera cuasi pacífica, cayeran uno detrás de otro
los países socialistas. Allí donde acaso la revolución fue más legítima y
endógena y había mayor sentido patriótico, la resistencia a la regresión fue
mayor y hasta provocó el derramamiento de sangre. Tal el caso de Yugoslavia.
El imperialismo estadounidense, con la
OTAN, tuvo que bombardear los restos de Yugoslavia para separar de Serbia a la región
Socialista Autónoma de Kosovo. Hoy quiere un “Kosovo al revés”. Quiere impedir
la autonomía de Osetia del Sur, Abjasia
y Adzharia y quiere garantizar la existencia de una “Gran
Georgia” que domine pueblos que ni por cultura ni por religión o identidad
nacional-étnica tengan mucho que ver con Georgia.
Georgia existió como república
soviética desde 1936. Antes formó parte de la República Federativa Soviética
Transcaucásica. Al constituirse en república soberana y federal, reconoció en
su interior la existencia de otras tres formaciones estatales: La Región
Socialista Soviética de Osetia del Sur y las Repúblicas
Socialistas Autónomas de Abjasia y Adzharia. Junto a los georgianos convivieron bien hasta la
desintegración de la URSS.
Luego llegaron a la conducción del país
elementos cada vez más reaccionarios y prooccidentales, hasta que sucedió algo
impensable desde los tiempos del Imperio Ruso: EUA instaló bases militares que apuntan
a Rusia. Las repúblicas autónomas, que no perdieron su status y soberanía
lucharon, a su turno, por depender menos de Tbilisi y vivir más seguras. Es que
EUA entrena a las tropas georgianas, las ha llevado a Irak y dotó a su ejército
de modernísimas armas. ¿Cuál la razón de todo esto? Pues el eterno asunto del
gas y el petróleo. El Pentágono quiere controlar las rutas caucásicas del
petróleo; por eso mismo cometió el horror de Kosovo, crímenes de guerra y de
lesa humanidad.
Todo el mundo sabe, porque no pudieron
ocultarlo, que el conflicto lo desencadenó Georgia. Después vino la
participación de Francia; pero el presidente Sakashvili
jamás quiso firmar el punto 6º del acuerdo de alto al fuego: Discutir después
el status de Osetia y las repúblicas autónomas. Y
ahora la prensa, igual en los casos de Yugoslavia e Irak está acudiendo a la
manipulación mediática, a las amenazas de los halcones y hasta instalando
radares y misiles en Polonia.
Pero que el imperio no haga malos
cálculos. Debe escuchar a su agencia en la sombra,