LA PERRA EN CELO

Marcos Domich

 

Día que pasa se pone más evidente que el asunto de las computadoras - supuestamente encontradas a Raúl Reyes, después de su asesinato el 1 de marzo - es ahora todo un plan de desinformación, primero; de descalificación y desprestigio de ciertos personajes y países, luego y, tercero, de una ofensiva que puede llegar a la agresión y la intervención bélica. La amenaza es directa a la estabilidad, la paz y la democracia en la región. Algo realmente tenebroso de cuyos efectos no está excluida Bolivia. 

Cada una de las fases de lo que se esboza como una estrategia de largo aliento tiene contenidos concretos. La desinformación cumple el propósito de involucrar en supuestos contactos y complicidades a personajes conocidos, para desviar la atención de Latinoamérica y  el mundo de los verdaderos escándalos del presidente colombiano Uribe, de sus allegados políticos y de sus inocultables servicios al imperialismo, que han convertido al Estado colombiano en el “Israel de Sudamérica”. Primero, aún antes del “peritaje” de la INTERPOL, se habló de los vínculos de Chávez, de Correa, de políticos bolivianos, de un parlamentario español de la IU, etc. etc. Después la fiscalía acusó a varios personajes: tres colombianos, dos venezolanos, un ecuatoriano y hasta un estadounidense, de practicar lo que han llamado “farcpolítica(¿?)” para despistar lo de la parapolítica de Uribe, de su primo y senador Mario, (ya encarcelado), de Mancuso y otros criminales que los han extraditado a los EUA, para juzgarlos por narcotráfico (que lo son), pero ignorar sus crímenes de lesa humanidad. Entre los colombianos figura nada menos que Pilar Córdoba, valiente senadora y que junto a Hugo Chávez, logró la liberación de seis retenidos. Su vida corre peligro, ahora hasta su libertad.

El objetivo de la tacha contra los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia ya viene de tiempo atrás. La razón es una y simple: sus gobiernos realizan cambios progresistas y avanzados que afectan los intereses de las transnacionales y de las oligarquías nativas. Afectan incluso la hegemonía militar de USA. Venezuela es el hueso más duro de roer. En el Ecuador está la base norteamericana de Manta cuya licencia expira el próximo año. El Pentágono sabe que su renovación es improbable. Bolivia plantea, constitucionalmente, que en su territorio será prohibida la construcción de bases militares extranjeras.

Al fin: las provocaciones militares: Invasión militar colombiana a Ecuador en marzo y luego otras más pequeñas, pero frecuentes. A Venezuela, el pasado domingo, violación militar reconocida de su espacio aéreo por los EUA y también (martes) incursión de tropas colombianas. A todo esto se suma la refundación de la IV Flota que ya está surcando mares americanos. Como decía Ronald Arismendi, “la perra está en celo”. Menos mal acaba de fundarse la Unión Sudamericana de Naciones y se ha creado el Consejo de Defensa de Sudamérica. El imperio y Uribe tendrán que pensarlo dos veces.