COMENTARIO
SOBRE LAS ELECCIONES FEDERALES DEL 14 DE OCTUBRE
Comité Ejecutivo
Central
Partido Comunista
del Canadá
En las elecciones
generales del 14 de octubre, los conservadores, encabezados por el Primer
ministro Stephen Harper, a despecho que hubiesen
mejorado sus posiciones en el nuevo Parlamento, no obtuvieron la mayoría, objetivo que sus patrones, las grandes empresas
capitalistas y ellos mismos estaban decididos a lograr. Ésta es una victoria
para la mayoría de las/los canadienses, quienes tuvieron éxito al impedir que
los conservadores de Harper obtuviesen plena libertad de acción.
Contrariamente a sus declaraciones, los
conservadores no tienen el mandato de imponer su agenda de derecha al país.
Cuando, en plena campaña, los
mercados bursátiles se hundieron, el avance inicial de los conservadores se
esfumó. Pero, es el gran parte gracias a los electores/as
de Québec que Harper ha sido bloqueado. En efecto, la participación eficaz
de asociaciones de mujeres y de la comunidad artística, entre otras, ha impedido
a los conservadores obtener los curules necesarios para
alcanzar la mayoría tan anhelada. El desenmascaramiento público de la verdadera
agenda de los conservadores –reducciones severas de los gastos sociales y los
ataques contra los derechos democráticos de las personas y particularmente de
la juventud-, ha contribuido a cerrar a los conservadores, casi completamente,
su acceso a las grandes aglomeraciones urbanas, con excepción de Alberta.
Los conservadores intentarán,
probablemente, imponer a través de fuertes presiones, sus leyes en
Harper y sus conservadores
realizaron una campaña de lo más arrogante y manipuladora, ocultando al
público, al principio, una gran parte de su agenda política y no haciendo
conocer su verdadera plataforma sino hasta la última semana antes de las elecciones.
Ellos atacaron –de manera inmisericorde y deshonesta- al “viraje verde” de los
liberales como una agresión fiscal y lanzado una violenta campaña de terror contra
les “jóvenes contraventores”. Pero, a pesar de esas tácticas tramposas,
ellos no lograron incrementar su votación sino en un uno por ciento (1 %)
llegando al 38 %. Además, gracias al sistema electoral “uninominal” y al
hundimiento del voto liberal (de 30 % a 26,2 %), les conservadores ganaron unos
cuantos nuevos curules aprovechando, también, las
divisiones existentes entre las fuerzas anti-conservadoras.
El NPD se benefició,
también, con las dificultades de los liberales y ha concentrado sus ataques contra
las posiciones asumidas por Harper a favor de las grandes empresas. Consiguió
ganar siete curules adicionales -llegando a 37- pero,
el número de votos a su favor no aumentó más del 1,8 %. Es el Partido Verde,
dirigido por Elizabeth May, quien obtuvo el mayor incremento en el número de
votos, pasando de 4,5 % à 6,8 %, pero, una vez más, los Verdes no ganaron ni un
solo curul.
El hecho más notable fue
la caída del número de electoras/es que concurrieron a la elección: 59 %, el
porcentaje más bajo en la historia canadiense. Mayor aun, fue la caída de
ciudadanas/os inscritas/os. Cientos de miles de personas, sobre todo locatarios
y jóvenes, fueron eliminados de la «lista electoral permanente». El proceso
estuvo tapizado de graves irregularidades. Muchos ciudadanos fueron
impedidos de votar por causa de nuevas exigencia de identidad, exigidas en el
momento del plebiscito. Esta baja continua de la participación de los electores refleja non
solamente la desconfianza hacia el
proceso electoral, sino también el rechazo de los principales partidos a
alejarse de la agenda neoliberal. Une reforma electoral que adopte la
representación proporcional es pues prioritaria.
La elección estuvo
marcada por los denodados esfuerzos desplegados por los medios controlados por
las grandes empresas en su afán de silenciar la presencia de los pequeños
partidos políticos, entre ellos el Partido comunista. A pesar de ello, el Partido
comunista y sus 24 candidatas/os llevaron adelante una campaña dinámica para popularizar
la plataforma alternativa «La gente antes
que las ganancias». El voto comunista ha aumentado en varias circunscripciones
y el Partido ha ganado numerosos nuevos militantes y simpatizantes.
El clima político se ha
enrarecido bastante, en tanto el país se hunde en una crisis económica y en una recesión profundas y prolongadas. En el periodo
post-electoral, las palabras de orden se concentran alrededor de las luchas que
apuntan a enfrentar los esfuerzos del capital financiero, de las grandes empresas
y de sus aliados, los conservadores en primer término, quienes tratan de cargar
el peso de la crisis sobre la espalda de la clase obrera y de las masas de
trabajadores. Ahora, después de la lucha electoral, el movimiento sindical
y los movimientos democráticos deberán continuar su pelea en las calles, en los
lugares de trabajo y en las comunidades de todo el Canadá. El Partido
comunista, por su parte, desplegará todos sus esfuerzos para contribuir a la organización
de una respuesta unitaria y militante.