LA DERECHA Y EL TÍO SAM ESTÁN DESORBITADOS

 

Marcos Domich

 

Nada de lo que hace la derecha puede causarnos asombro. Hace tiempo tiene bien planificadas sus acciones y fijados con precisión sus objetivos. No es tampoco una cosa de estos días; hace muchos años, décadas, que saben lo que tienen que hacer en estas circunstancias. La única diferencia es que, acciones y objetivos, están hoy reforzados por las experiencias pasadas y sus mecanismos subversivos mucho más financiados que antes. Tienen, como siempre, el apoyo y el sustento de su padrino, el tío Sam; sólo que por razones de emergencia el sustento se ha decuplicado.

Una característica del actual proceso subversivo es que, conforme avanza el tiempo, se van desnudando y haciendo más explícitos sus objetivos finales y sus procedimientos; confirman que el pez muere por  la boca. La semana pasada tres personajes confirmaron que lo que denuncia la izquierda lúcida y el gobierno no son inventos. Un bravo capitán y prefecto golpista ha revelado el principal propósito de la reacción: alejar a Evo Morales de la presidencia. La vida lo demostrará, pero ese propósito incluye cualquier procedimiento. Desde el más cruento hasta el más sutil. ¿Acaso no lo sabemos por Fidel con los centenares de atentados, en su contra, afortunadamente fallidos? ¿Acaso no se recuerda que al canciller sandinista D’ Escoto le obsequiaron vino que contenía una dosis mortal de talio?

De lo que se trata es derrocar, defenestrar a Evo y poner fin al proceso de cambios. Si falla la eliminación física hay otras medidas previstas. La más terrible de todas: la división de Bolivia. Se dice que el alcalde cruceño que lo ha propuesto tiene algún tornillo flojo. Puede ser. En todo caso preferimos la otra sentencia: “los borrachos y los locos dicen la verdad”. La insania de la derecha, del conservadurismo, prefiere ver a Bolivia descuartizada antes que perder sus privilegios, sobre todo las inmensas tierras mal habidas. 

Al fin, sin ser lo último, cuando el jefe del “civismo” cruceño adelanta la reunión de la autodenominada “junta democrática”, para “agendar” en Cobija nuevas acciones y medidas contra el gobierno, confirma que quieren lanzar la ofensiva final. Cada una de sus propuestas se acompaña de una retórica democratoide que no alcanza a enmascarar la perversidad de sus propósitos.

Pero basta de ingenuidades. ¿Acaso no se recuerda lo que la derecha angelicalmente proclamaba durante el gobierno de Torres y el arribo de la dictadura bancerista? ¿La ciega oposición al Dr. Siles, el acortamiento de su mandato y la imposición del 21060? ¿La defenestración de Lidia Gueiler y el ascenso de la dictadura narcotraficante de Meza-Gómez? Los revolucionarios siempre han proclamado que quieren los cambios con el menor dolor posible, pero la derecha está desorbitada y hay que prepararse para resistir y derrotarla.