UNA TRISTE DERECHA

 

Marcos Domich

 

En vez de disminuir la cantidad de candidatos de las derechas, su número crece tanto como carácter variopinto. Los hay casi para todos los malos gustos; ahora no se puede hablar de ningún acierto gustativo. Pero el asunto no estriba tanto en los sabores y matices. Es que no hay, de veras, nada nuevo. Todos repiten la monserga de que hay que derrotar a Evo Morales y también ejecutan la cantinela de que hay que unirse, presentar un solo frente. En esto se agota su creatividad. Ninguno presenta alternativas reales y planes que efectivamente apuntalen a un desarrollo soberano y consistente del país y  contribuya a sacarlo de la pobreza, del subdesarrollo, de la inequidad y cierre las enormes brechas que han dejado casi doscientos años de un capitalismo deforme, excluyente y dependiente.

 

No hay ninguna diferencia entre los ocho que, tal vez, queden en la arena electoral: Doria Medina (9,3%), Cárdenas (8,8%), Reyes Villa (8,7%), Quiroga (4,3%), Joaquino (3,3%), Antelo (2,8) y Costa (?). Juntos, no superan la intención de voto que la encuesta asigna a Evo (42.6%). No tenemos mucha confianza en las encuestas. Siempre ha habido un margen de manipulación y el resultado del método y el lugar de aplicación. La historia de los procesos electorales en nuestro país enseña que las izquierdas aparecen, siempre, con una intención de voto menor que el que les da, finalmente, el conteo de las urnas. Acaso ahora podamos otorgar validez a los guarismos arriba transcritos. Al fin y al cabo es el promedio de tres encuestadoras, presentado por La Prensa. Se sabe, asimismo, que hay cierta inclinación a que el que paga resulte favorecido y, que sepamos, ninguna ha sido contratada por el oficialismo.

 

Los otros nombres que aparecían entre los aspirantes a candidatos van palideciendo día que pasa y pronto desaparecerán. En efecto, conociendo la calidad de estos pequeños personajes, sus candidaturas están destinadas a negociar curules que les asignen, “en franja de seguridad”, los chicos mayores.

¿A qué táctica acudirán entonces los derechistas? A la única posible: a desprestigiar, a explotar errores, a inventar traspiés y actos punibles, a preparar denuncias de fraude, a invalidar las elecciones. Ahora ya están poniendo en duda el padrón  electoral biométrico. Ni así podrán, empero, mellar el campo popular, originario y de izquierda. A ésta tratarán de desalentarla, irritarla.

 

En medio de toda esta negra trama es donde aparece una manifiesta manipulación. Tratan de mostrar al Presidente como crítico, por ejemplo, de las FARC: Ponen las comillas en la frase es…“el mejor instrumento del imperio” y sólo más adelante, después de haber sembrado la cizaña, transcriben: “Las FARC pareciese que son el mejor instrumento del imperio y con ese pretexto vienen militares de EE UU a Colombia”. En algún otro momento dice: “en estos tiempos en lugar de las armas hay que recurrir a las urnas”. Habría sido bueno que agregue que las FARC existen hace más medio siglo; que  participaron en las elecciones. Con el Partido Comunista y otras fuerzas de izquierda organizaron la Unión Patriótica, fuerza electoral en ascenso los años 90. Pero el imperio y los paramilitares asesinaron a más de 5.000 de militantes y aun siguen asesinándolos. A eso van, de paso, dirigidas las 7 bases que Uribe ha cedido al imperialismo. Moraleja: ¡al hablar, cautela!

 

No se practica criticar a una organización combatiente, cruelmente acosada por el imperialismo y los paramilitares de Uribe. Las FARC-EP son una organización armada revolucionaria antigua, marxista-leninista prestigiada y nunca una organización “narco-guerrillera”, como quieren presentarla el imperialismo y el gobierno fascista de Uribe.