UNA DUDA LEGÍTIMA (*)
Marcos Domich
Nos
habíamos propuesto empezar una especie de balance sobre los acontecimientos
internacionales del año que concluye. Pero siempre surge algún acontecimiento
que ocupa la mente con machaconería. Esta semana ha sido ocupada por el
asesinato de Luis Francisco Cuellar, gobernador del
Departamento de Caquetá, Colombia.
Ningún
grupo armado y menos ninguno de los insurgentes (FARC, ELN) se ha atribuido haberlo ejecutado. Sin embargo, Uribe y su
gobierno, sin exhibir una sola prueba ya le han cargado la culpa a las FARC. El
asesinato se produjo el lunes. El martes el Comandante General de las FF AA
colombianas, es decir, Uribe mismo, ordenaba que se lanzaran operativos
militares contra los raptores de Cuellar y declaró una suerte de ofensiva
general para “liberar” a todos los retenidos por las FARC.
De
inmediato hay que plantearse más de una pregunta: ¿Por qué lo secuestran a
Cuellar ahora y luego lo asesinan? Su cadáver ha sido encontrado en San Antonio
de Atenas, una localidad cercana a Florencia, capital de Caquetá. ¿Por qué
Caquetá? ¿Por qué Uribe lanza lo que es, a todas luces, una ofensiva militar y
rechaza todos los procedimientos pacíficos, sobre todo para liberar a los
retenidos de las FARC?
¿Qué
tiene ver la instalación de bases militares estadounidenses en Colombia y
apuntando a todo el continente sudamericano? ¿Por qué Uribe moviliza tropas
hacia la frontera con Venezuela y amenaza sobre todo al Estado de Zulia? ¿Por
qué Colombia viola el espacio aéreo venezolano con aviones de guerra
norteamericanos no tripulados?
Ni
el régimen uribista ni el imperialismo que lo prohíja
dan puntada sin hilo. La verdad de lo sucedido el lunes 21 arranca del mes de
abril, cuando las FARC anuncian la liberación unilateral de Moncayo y otro
retenido. Hacía de mediadora, otra vez, Pilar Córdova, la activa senadora y
luchadora colombiana que antes había logrado ya liberación de otros retenidos. Estos
debían ser entregados antes de las fiestas de fin de año. Todo estaba listo,
pero Uribe repudia los procedimientos pacíficos. De acuerdo con su fracasada
política de “seguridad democrática” tiene un solo objetivo: derrotar y borrar
del mapa particularmente a las FARC que llevan cerca 60 años combatiendo contra
los latifundistas y la oligarquía colombiana. Cuando dijeron que las FARC
estuvieron a punto de ser aniquiladas, se conoció del pacto entre ellas y el
ELN, para combatir al “presidente narcoparamilitar”.
Hubo importantes acciones que demostraban que la guerrilla estaba muy lejos de
desaparecer y menos de ser derrotada.
La
elección de Caquetá para este sucio asesinato no es casual. Aquí el Partido Comunista
fue realmente una fuerza política de importancia. Hacia 1990 tenía más de 2.500
militantes y mucha influencia en las organizaciones sindicales, de estudiantes y
de maestros en particular. Eligió varios diputados y concejales. Fue cuando
comenzó la guerra sucia contra los miembros de la Unión Patriótica, fuerza
unitaria que amenazó el dominio de los partidos tradicionales.
En
Caquetá se encuentra San Luis del Caguán
donde, durante el gobierno de Pastrana se llegó al acuerdo de otorgar a las
FARC 40.000 has. desmilitarizadas y donde éstas expusieron
su política de paz al mundo. Todo eso estaba retornando al Caquetá: la
organización, la influencia de la izquierda, articulada ahora en el Polo
Democrático Alternativo, etc. Uribe entonces recurre a la artera maniobra de
culpar a las FARC del asesinato de Cuellar. Dudamos sinceramente de Uribe. La
FARC no tenía porque ejecutar este acto salvaje. La verdad se conocerá en poco
tiempo.
(*) Publicado, ligeramente resumido, en
OPINION de Cochabamba el 27-12-2009.