Editorial

 

DERROTAR A  LA DERECHA EN TODOS LOS CAMPOS

 

En Bolivia hay incertidumbre por el curso de los acontecimientos políticos; incertidumbre capaz de paralizar hasta la imaginación de los analistas más osados. Parecería que “nadie sabe lo que va a pasar”. Se han combinado en la superficie, de lo que ahora llaman “escenarios”, una serie de factores políticos, sociales, económicos, nacional-étnicos e internacionales que confunden terriblemente el panorama, hasta producir un estado de desazón, desorientación, y ansiedad colectiva e inclusive cólera. Es obvio que la prolongación de semejante estado puede llevar, por último, a un caótico estallido social. En la superficie aparecen contradicciones y pugnas como ocurrió con la distribución de escaños, la fecha de elecciones; los alegatos presentados ante el Tribunal Constitucional acerca de la inconstitucionalidad de determinados decretos del poder ejecutivo; la resistencia de un lado y el ultimátum, por el otro, en la cuestión de la elección (inconstitucional) de los prefectos, etc., etc. Pero ya es inocultable que las corrientes de fondo determinan las añagazas que eluden el incumplimiento de la nueva ley de hidrocarburos; la imperdonable lesión a la seguridad nacional con el secuestro consentido de los misiles; los aprestos de golpe preventivo; las subrepticias tratativas en torno a los acuerdos de libre comercio andino con los EUA, las maquinaciones en torno al ALCA; la cuestión de la tierra, etc. son el cogollo de la política boliviana.

Por lo tanto se hace evidente que el agitado panorama de las superficies está escondiendo a las verdaderas fuerzas y factores eficientes, tanto económicos como sociales y hasta internacionales que son los que determinan, en última instancia, la posición y propósitos reales de los elementos en pugna y los probables desenlaces de los intrincados nudos de las contradicciones. Las pugnas en la superficie son, en realidad, los símbolos o si se prefiere, el disfraz de los intereses de clase – a nivel nacional e internacional –. La clave clasista es la que, temprano o tarde, pero indefectiblemente, se presentará en el escenario en el papel del protagonista principal. De nuevo resulta que, en el caso boliviano, es el examen científico, dialéctico y materialista, el que nos iluminará las vías de salida de esto que no puede prolongarse mucho, sin amenazar la paz y hasta la integridad y el futuro de todo el país.

Para un buen análisis hay que retornar brevemente a los comienzos, por lo menos del presente tramo histórico, que lo colocamos en el marco de más o menos 25 años. Ya hemos señalado la importancia de la metodología clasista y la puesta en evidencia de las fuerzas económicas y sociales en juego. Lo demás: la cuestión nacional-étnica, regional, legal o jurídica u otras más – siendo importantes, dependen de lo anterior.

En 1978 se produjo la derrota política de la dictadura de Banzer; derrota que no se plasmó por la vía electoral, la que fue impuesta al dictador con posterioridad a la amnistía general. La derrota banzerista fue producto de un formidable movimiento de masas que, en esa etapa, asumió formas democráticas, incluyendo la huelga masiva de hambre de fines de 1977 y comienzos de 1978. Las fuerzas populares y de izquierda – que constituyeron el núcleo principal de la resistencia a la dictadura – organizaron el frente de la Unidad Democrática y Popular (UDP), con un trípode constituido por el MNRI, el PCB y el MIR. Vinieron los comicios y, a pesar de haber sido torpeados o desconocidos, no pudieron ocultar las tres victorias electorales de la UDP que se instaló en el gobierno sólo en 1982 y duró apenas 34 meses. Antes de la asunción udepista se dio aún el coletazo de la breve, aunque feroz, dictadura militar con el golpe de García Mesa. Otra vez, fue un incontenible movimiento de masas el que acabó con un dictador y Bolivia, con la UDP, resultó ser la pionera en el Cono Sur en conquistar una apertura democrática, una brecha democrática como se la calificó entonces. Era casi una isla rodeada todavía de dictaduras: Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y hasta el lejano Uruguay. Eran los tiempos de la doctrina de la “seguridad nacional” y el “Plan Cóndor”.

A pesar de todo se asumió el gobierno, con un plan modesto: restaurar las instituciones democráticas, defender los intereses nacionales y populares, solucionar la crisis económica y desarrollar el país, de manera soberana. Se tuvo hasta el “atrevimiento” de declarar una moratoria de la deuda externa.

La derecha no tardó en recomponerse; mayoritaria en el parlamento, jaqueó al gobierno de la UDP, en la que el Partido Comunista tenía dos ministerios. El sindicalismo radical y la ultraizquierda hicieron lo suyo. Pero también la UDP ya estaba herida de muerte al asumir el gobierno, en particular por la acción quintacolumnista del ex “neoizquierdista” MIR, convertido en agente de la socialdemocracia europea y futuro aliado del antiguo dictador Banzer.

Al presidente Siles Zuazo no se le puede imputar ningún acto antinacional. Puede acusársele de falta de resolución, pero es irreprochable su conducta democrática, su afán de no herir el interés nacional y popular. La debilidad, las contradicciones internas de la UDP, condujeron a una crisis de la izquierda que dura hasta hoy, después del acortamiento del mandato de Siles Zuazo.

La principal conclusión, de la experiencia boliviana es que se derrotaron las dictaduras y a los representantes más conspicuos del imperialismo y la oligarquía, con la acción de las masas. La acción fue persistente y decidida; si acaso no orgánicamente bien articulada, fue convergente en la acción, logrando deteriorar hasta conseguir la caída del régimen. No se puede olvidar que el deterioro de las organizaciones políticas influyó sobre sectores de las fuerzas armadas que ya no garantizaban la permanencia de la dictadura, signo inequívoco de la proximidad de un cambio político.

Liquidado el gobierno autoritario y sus dos sucedáneos militares, se conformó el gobierno central, apenas una parcela del poder global. A pesar de la fuerza política inicial, no se pudo mellar el poder intrínseco de las clases dominantes; sobre todo el dominio y manejo de la economía. El avance político no pudo traducirse en avance en la gestión y el progreso de la economía. Interiormente la defección del MIR y buena parte del partido de Siles, condujo al colapso de un movimiento democrático y popular, que había despertado esperanzas. Hay que reconocer en Siles la percepción que tuvo para preservar la formalidad democrática constitucional, con su renuncia a un año de gobierno. Pero para las masas populares significó una dura frustración. Siete años de lucha denodada por derrotar a la derecha, concluían con amargo sabor del retorno de la burguesía que sustituía la manu militari por el guante blanco para la aplicación de lo mismo: su voluntad, el diktat de su clase.

Las elecciones de 1985 dieron el triunfo paradójicamente a Banzer seguido de Paz Estenssoro que, al final, resultó presidente por cuarta vez en los anales bolivianos – con el apoyo parlamentario del MIR –. En las siguientes elecciones (1989) el MIR fue gobierno en coalición con Banzer y este, con el apoyo del MIR, fue presidente por el período 1997- 2002. Pero antes se tuvo al gobierno de Sánchez de Lozada, (1993-1997) del MNR que, con lo qué el mismo llamó “la madre de las batallas”, destruyó el patrimonio nacional, particularmente los hidrocarburos, entregados a las transnacionales. Una verdadera carrera de estafetas; en Bolivia se llamaría pasanaco(pasarse algo unos a otros iguales, por turno).

La evolución de la política boliviana, de la que la derecha y la oligarquía boliviana, la socialdemocracia europea y el imperialismo se regocijan, es la misma de otros países latinoamericanos: Sufrieron dictaduras, en mayor o menor medida, cruentas y fascistizadas, los endeudaron hasta límites intolerables, impusieron su modelo político y económico que parecía no tener fisuras. Pero el movimiento popular logró finalmente derrotarlas. Fueron sustituidas por gobiernos elegidos en las urnas, con parlamentos y sistemas judiciales dóciles, en mayor o en menor grado, al poder ejecutivo y unas fuerzas armadas, con pocas excepciones en su interior, ahora “constitucionalistas” y “garantes” de la democracia. Tanto es el expediente democrático de éstas que participan en misiones para “garantizar la paz”, evitar el retorno o la permanencia de dictadores, como Argentina en Bosnia y Herzegovina; Bolivia en Angola; El Salvador y Guatemala en Irak o Brasil y Chile en Haití. Son tan comprensivas con los peligros que amenazan a la “Pax americana” que aceptan hasta la regulación de las armas que pueden tener en sus arsenales. Las que son peligrosas mejor que las “custodie” el Pentágono, como sucedió con los misiles MNH-5 en el país. Estos misiles fabricados por la China Popular, casi donados, eran una suerte de joyas para la artillería de un ejército pobre y que no cuenta con modernas y eficaces armas de defensa. Al parecer predominó, en una mentalidad abonada por una ideología “panamericanista”, la confianza en que serán “cascos azules” los que preserven, en última instancia, a la patria de terribles amenazas y mantengan incólume el sistema, socialmente injusto y totalmente dependiente.

Desde aquel hito histórico – del rescate democrático y luego tediosamente constitucional – la coyuntura política que vivimos y que no es sino la imposición del neoliberalismo que, bajo distintas carátulas, aplicó su programa neoliberal llamado de las “reformas estructurales”. Una a una sus medidas no son otras que las conocidas recetas del FMI, del BM y el BID, todas en el marco del Consenso de Washington. El resultado es de todos conocido, no necesitamos recordarlo mucho: despojaron al país en favor de las transnacionales, se perdió soberanía en todos los ámbitos, aumentó la pobreza y la miseria de las grandes mayorías, se envenenó la mente con el individualismo y Bolivia quedó como un país vaciado y ajeno para sus propios hijos.

Es cierto que la inmensa fuerza mediática, el aparato ideológico y objetivamente el temor a la inflación de tiempos de la UDP, confundieron y paralogizaron a las masas. El neoliberalismo – un proteo de distintos rostros y estructuras y una sola esencia – pudo aplicar con escasa resistencia la integridad del modelo. Entre los factores ideológicos y psicosociales colectivos que contribuyeron a allanar el camino neoliberal no se puede ignorar el papel de cierta intelectualidad, antes radical de izquierda, pretérita cultora de la violencia armada, siempre con un tufillo anticomunista general y específicamente antipartido-comunista. Lograron con la presencia y autoridad que les procuraban los medios, de propiedad y dominio aplastante de la derecha y las transnacionales, adormecer y hasta desviar la energía de las masas en la defensa del interés nacional y popular.

Sin embargo y dada la tradición y la experiencia de las masas populares bolivianas, este estado de bloqueo, de obtusión de la conciencia social, no podía durar mucho. En el mismo 1996 – año de la avalancha privatizadora – comenzó a clarificarse la conciencia social y crecer la resistencia antineoliberal y antiimperialista.

Para el segundo gobierno de Sánchez de Lozada (2002) – que apenas obtuvo 22% de los votos y duró 14 meses, en coalición con el MIR y otros neoliberales– la conciencia social popular había readquirido su lucidez y madurado a tal grado que se dio una situación revolucionaria. Todos los factores objetivos y varios de los factores subjetivos no hacían prever otra cosa que el desenlace que dio al traste con el gobierno de Sánchez de Lozada.

Hubieron algunos factores casuales (“la necesidad de abre paso también a través de la casualidad”, dice la dialéctica). Una campaña en contra del republicano Reyes Villa orquestada por el MNR, con la embajada de EUA, para sustraerle votos, al final beneficiaron al MAS. Este dio una mayúscula sorpresa, obtuvo un 20% de los votos que ni él mismo la soñaba. Como Adán, mordió la manzana de la ambición de poder y se la transmitió a toda su agrupación. De estar preparados para una larga oposición que no salía del cato de coca1, tuvieron que prepararse para extender la lucha política a otros ámbitos. Pero no hay que confundir lo que subjetivamente guiaba al MAS con la maduración objetiva de la conciencia política de las masas. A partir de ese momento se supo que la movilización de las masas podía expresarse de una manera más contundente que en las pacíficas urnas.

La crisis política que estalló en septiembre del 2003 y culminó el 17 de octubre con la fuga de Sánchez de Lozada dejó una estela de sangre y luto. Pero tuvo el valor de humillar al neoliberalismo, cuyas expresiones políticas estaban por los suelos. El MNR de Sánchez de Lozada, en primer término y luego el MIR de Jaime Paz, la NFR de Reyes Villa y otras agrupaciones de la derecha como la ADN de Banzer y Quiroga y la Unión Cívica Solidaridad, eran réprobos que tenían vergüenza de aparecer a la luz pública. Esta debacle de la derecha política parece haberse convertido en la tumba de su siglas, nombre y acción, tanto que hoy, tres jefes, van a las elecciones de diciembre con otras denominaciones: Quiroga, a presidente, con PODEMOS (Poder Democrático Social y, sarcasmo mayúsculo, con la bandera y la estrella rojas de cinco puntas pero que responde más a su real esencia, es la estrella de la petrolera Texaco) y Jaime Paz y Reyes Villa, candidatos a prefectos con siglas que no recuerdan para nada al MIR y NFR .

A la caída de Sánchez de Lozada asumió el gobierno Carlos Mesa, su vicepresidente. Aceptado al comienzo porque prometía diferenciarse de la política antinacional y represiva de su antecesor y no rompía la formal secuencia constitucional, ensayó un gobierno que resultó gattopardista y bonapartista simultáneamente: cambió apariencias e intento de colocarse por encima de las clases y los partidos. Una operación imposible. El MAS encandilado por las apariencias, en la práctica, cogobernó con el que de hecho aplicaba un neoliberalismo light. Mesa desató, con una verborrea imparable, los fantasmas contrapuestos: regionales, nacional-étnicos y clasistas y cayó enredado en la utopía de calmar los ánimos exaltados de todos.

Su renuncia, después de varios actos fallidos, sacó de la manga de la sucesión constitucional a Rodríguez Veltzé, Presidente de la Corte Suprema y antiguo funcionario de organismos dependientes de la embajada estadounidense. De esa manera se adelantaron las elecciones generales en medio de una maraña de interpretaciones legales que las han hecho saltar de conflicto a conflicto y puesto en peligro inminente. De paso Rodríguez cometió algunos gruesos errores (?) y trasgresiones constitucionales, como aceptar la exigencia del Pentágono de entregar misiles de fabricación china, útiles para la defensa nacional. Rodríguez ni siquiera parece haberse enterado de la construcción de una base militar denominada “Emplazamiento Operativo Adelantado”, en el Paraguay y a 200 kms. nuestras fronteras. Mejor dicho a 200 kms. de nuestra inmensa riqueza de hidrocarburos, sobre todo de gas natural. No ha dicho ni una palabra del acuerdo chileno-argentino para formar una fuerza militar destinada a “vigilar la democracia y la paz en la región”. Parece que ya denominan a Bolivia simplemente “región”.

Es en estas circunstancias que se realizarán elecciones generales el 18 de diciembre. En medio de amenazas secesionistas y ruido de sables. Las encuestas serias pronostican el triunfo de Evo Morales con el MAS. Pero no bastará un éxito en las urnas. Lo principal es asegurar que el parlamento sancione esa primera mayoría y es dudoso que el MAS tenga los votos necesarios: mayoría absoluta en las dos primeras vueltas (Art. 90 de la CPE). La derecha política, la oligarquía oriental y sobre todo la embajada preferirán escamotear la mayoría obtenida en las urnas o el golpe de Estado y la convulsión antes que un gobierno populista como el del MAS.

A nuestro juicio el temor de la derecha es exagerado y sin fundamentos sólidos. El MAS se ha convertido en una masa informe, en la que cohabitan varias corrientes y está llena de los oportunistas que se aupan al carro de los exitosos. Ciertos voceros, como el candidato vicepresidencial García Linera, han estado curándose en salud, calmando agitaciones exageradas. Ha afirmado que quiere “un capitalismo andino” como modelo de desarrollo y…para nada un socialismo imposible”. La típica defección pequeñoburguesa. Ante la indignación de los masistas radicales o que se reclaman socialistas intentó rectificarse; pero como se dice en el pueblo, “palabra suelta, no tiene vuelta”. Revela lo que es capaz de negar y acomodar a las circunstancias, con tal de llegar al poder. ¿Otro Lucio Gutiérrez? ¿Otro gobierno zigzagueante, en el horizonte sudamericano?

No es que la izquierda responsable exija un programa socialista, revolucionario con muchas erres. Pero si, al menos, coherencia, seriedad, responsabilidad; que ponga freno a la penetración del oportunismo que se infiltra, sin fallar, allí donde puede obtener réditos. Que no se despierten ilusiones y ante todo se estructure una dirección que unifique sin hegemonismos, sin caudillismos y sin exclusivismos de ninguna naturaleza.

A la luz de los análisis y debates de la Conferencia Extraordinaria del Partido (12 y 13 de noviembre) se han tomado definiciones y precisiones necesarias para la actividad política del período. Partimos del hecho que necesario propinar una derrota a la derecha, pero que no sea un fuego de artificio y luego se insuma al pueblo en la noche de otros 20 años de oscuridad, de explotación inmisericorde y de saqueo transnacional. En particular hay que procurar la derrota de Quiroga, el más conspicuo representante de la derecha y que cuenta con el apoyo preferente de la embajada estadounidense. De ser gobierno, a Bolivia, no le queda otra cosa que el neoliberalismo más crudo, la continuación de la explotación y la opresión y en el plano internacional convertirse en playa de provocaciones contra el Presidente Chávez y la Revolución Bolivariana y arrastrar al país a los mataderos de las áreas del libre mercado.

Otras opciones de la derecha no tienen mayores posibilidades, exceptuando a Unidad Nacional (UN), partido empresarial que articula a las oligarquías de oriente y occidente y lista para coludir con PODEMOS.

La clara definición de contribuir a la derrota de la derecha y las opciones proimperialistas no quiere decir olvidar la absoluta independencia política e ideológica; la personalidad de un partido de clase y que cuenta con una línea política, una concepción y una doctrina fundadas en el socialismo científico.

Tampoco significa olvidar los peligros internos y externos que acechan a Bolivia. Nuestra república tiene, al mismo tiempo, la fortuna y la desgracia de poseer inmensas riquezas naturales (hidrocarburos, minerales, agua, biodiversidad, bosques inmensos, ganadería) que despiertan la codicia de vecinos y de las transnacionales. Hasta su integridad nacional está amenazada por esta razón. Las clases dominantes y pudientes no quieren perder sus privilegios y granjerías y quieren la perpetuación de un sistema y un modelo explotador, depredador corrupto y humillante.

Empero se presentan momentos en que con las urnas y la derrota de la derecha, con una asamblea constituyente de verdad, democrática, representativa, pluralista podemos retomar el camino de la unidad más amplia. La consigna de Rescatar la Patria mantiene su vigencia total. El bloque histórico de las fuerzas populares, patrióticas, antioligárquicas y antiimperialistas es el imperativo del momento.

1 (N. de R.) Medida quechua de superficie, equivalente a 1600 m2