EDITORIAL

 

HACIA EL CUMPLIMIENTO DE LA MISION HISTÓRICA

 

El actual proceso político boliviano ha cumplido dos años con el gobierno de Evo Morales y llega a enero del 2008 en circunstancias complejas. La gran euforia de los primeros tiempos ha cedido paso a una preocupada, aunque siempre comprometida  reflexión, en muchos casos; en otros, a cierto desaliento y desánimo frente a las dificultades emergentes; en unos terceros a la desilusión y acaso, en muchos menos, a la deserción. Muchos, muchísimos bolivianos quisieran, empero, que las cosas vayan mejor, que los cambios se plasmen en la realidad más fácilmente, con menos resistencias enconadas, con más orden, con mayor racionalidad, con menores costos sociales.

 

Pero también hay de aquellos que nunca estuvieron a favor de un cambio, abogaban por el mantenimiento indefinido del statu quo social que tanto les favorece. Observaban con mucha predisposición adversa al nuevo proceso y gradualmente han ido articulando sus fuerzas y compactando sus filas hasta pasar a una suerte de ofensiva para cortar, de cualquier manera - incluso de la más abominable - el desarrollo del proceso político. Ningún ideal mueve a estos. Eso sí, tomamos de Marx algo decía aplicable a estos casos, están dominados por las peores “pasiones que anidan en el pecho humano, las furias del interés privado”.

  

Todo desarrollo político está compuesto de una cadena de hechos, de reacciones, unos positivos, otros objetables y unos terceros negativos; hay avances y también puede haber regresiones. Es la dialéctica, el movimiento de los procesos históricos. Las masas y las ideas no permanecen estáticas, están en permanente situación de cambio, de desarrollo y esto es lo que genera la dinámica de las fuerzas sociales y éstas determinan la correlación de fuerzas. Adelantaremos que, pese al bombardeo de los medios, a nuestro juicio, la correlación de fuerzas sigue favorable a la continuación y avance del proceso. Incluso se debe hablar de la resistencia valiente en las zonas donde la derecha ha impuesto un estado de amedrentación y hasta de terror, como en ciertas ciudades del oriente y en Sucre. Resulta obvio que las fuerzas del cambio progresista, las organizaciones políticas de izquierda, los sindicatos, los movimientos sociales populares y el propio gobierno deben trabajar permanentemente por mantener y hasta consolidar una favorable correlación de fuerzas.

 

Muchas veces se ha insistido en la necesidad de caracterizar el proceso político actual y el carácter de los cambios que lleva a cabo. En su conjunto el proceso puede ser inscrito en el orden de los procesos políticos progresistas. De preferencia su ejecución utiliza métodos democráticos y propugna la participación de las masas. Su metas, en el actual período histórico, son la consecución de una sociedad con justicia social, con mayor equidad en el reparto de la riqueza social y, prioritariamente, la liquidación de la pobreza y en un plano más general y proyectado al exterior, procura un país independiente y soberano. Obviamente, la obtención de estas metas implica la derrota y más exactamente la supresión de los detentadores de la riqueza social, del poder económico y de los que ejercen el dominio político del país. El cuadro descrito, naturalmente, está inscrito en un marco internacional cuyo rasgo principal es la dependencia de este país respecto del imperialismo. Se ha pretendido ignorar u ocultar este aspecto, a pesar de que es el factor principal y determinante del atraso y la dependencia de Bolivia. Está demás aclarar que el entrelazamiento de la gran burguesía y la oligarquía, de las clases dominantes nativas con el imperialismo, es absoluto en términos económicos, políticos y hasta ideológicos.

 

En dos años se han efectuado algunos cambios importantes, entre los que debemos citar, en particular, la recuperación del derecho propietario del Estado boliviano sobre los hidrocarburos, lo que permitió la firma de nuevos contratos más beneficiosos para los ingresos nacionales. Se marcó la entrada del país a la era de la siderurgia con la firma de un convenio entre la filial boliviana de la empresa india Jindal con la Empresa Metalúrgica del Mutún (EMM) en representación de Bolivia, sobre el 50% del yacimiento que sigue perteneciendo a la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL). Hay un notable aumento de posibilidades concretas de inversiones productivas, en varios rubros de la economía: hidrocarburos, petroquímica, minería no ferrosa, industria ligera, alimentos de primera necesidad, etc. La economía, gracias a la coyuntura favorable de con los precios de las materias primas, en lo fundamental, ha tenido un desempeño satisfactorio. Han aumentado las reservas internacionales y el crecimiento del PIB ha subido a 4,5%. Es evidente que la inflación ha llegado a dos dígitos (11,73%) pero es, principalmente, una inflación importada y especulativa. No hay país sudamericano e incluso europeo que no hubiera experimentado una elevación en este orden, debido al aumento del precio de los hidrocarburos, la liquidez monetaria de muchos países y, simultáneamente, la disminución de la producción mundial de importantes alimentos como el trigo.

 

En materia económica donde, al fin, se resuelve lo esencial del desarrollo social, se han dado, también, importantes pasos hacia la integración regional. Bolivia forma parte, como uno de los asociados fundadores, de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), alternativa al fracasado ALCA y contraria al neoliberalismo, el modelo impuesto por el capitalismo imperialista en esta época de su senilidad y crisis.([1]) Bolivia forma parte, asimismo, del Banco Sur, entidad financiera fundada sobre bases de real integración solidaria y mutuamente beneficiosa para sus integrantes. No omitiremos que Venezuela, con el gobierno de Chávez, ha jugado el rol determinante en estos emprendimientos.

 

En el área social se ha elevado, sobre todo con la cooperación cubana, el alcance de las prestaciones médicas. Igualmente, se ha construido casi una cincuentena de hospitales. En educación se tiene un avance importante es la alfabetización de más de 400.000 personas. Se ha creado bonos como el “Juancito Pinto”, para los alumnos de escuelas fiscales, destinado a estimular la asistencia y disminuir la deserción escolar. Se ha otorgado, con carácter universal, la Renta Dignidad para las personas mayores de 60 años.

En lo político debemos mencionar que, globalmente, se ha mantenido el régimen democrático y el Estado de derecho. De ahí resulta, poco menos que una paradoja, que las movilizaciones de la derecha se las haga en nombre de la defensa de la democracia y la libertad: algo que jamás respetaría, en el hipotético caso de volver al poder.

 

Con grandes dificultades, bloqueos y rodeados de un ambiente crecientemente hostil y agresivo ha concluido sus trabajos la Asamblea Constituyente. Ha entregado al veredicto del pueblo un texto de Constitución Política del Estado (CPE) que pasará por un referéndum aprobatorio para entrar en vigencia. El trabajo de la Asamblea Constituyente ha servido de escenario para la exhibición de las diferentes posiciones políticas e ideológicas y para la muestra de los defectos y virtudes de las corrientes del pensamiento allí presentes. En casi año y medio de funcionamiento la Asamblea ha explicitado la variedad y la esencia de las agrupaciones, grandes o pequeñas, de tal manera, que difícilmente alguien puede equivocarse acerca de los propósitos y objetivos de cada una de ellas. Puede hablarse de tres grandes corrientes. La encabezada por el MAS y más de una decena de aliados dentro y fuera de su propia bancada que ha buscado tenazmente aprobar una nueva Carta Magna que refleje las necesidades del cambio. Los mecanismos utilizados no siempre han sido los más ortodoxos, pero se ha visto obligada a imponer, por el peso de su legítima mayoría, el proyecto propio. La corriente totalmente opuesta es la de PODEMOS, recalcitrantemente adversa al cambio y refugiada en la defensa del statu quo. Con astucia ha logrado introducir temas como el de la “capitalidad plena” que, finalmente se convirtió en el ariete que estuvo a punto de derrumbar a la AC. Esta consigna logró enajenar a gran parte del pueblo sucrense y le insufló tales ánimos de intolerancia y violencia, convirtiendo a la ciudad en un bastión de la reacción.

 

Podría describirse una tercera corriente constituida por Unidad Nacional de Doria Medina, ambiguamente la bancada del MNR y algunos disidentes de PODEMOS y de otras tiendas menores que han oscilado entre uno y otro de los polos de la confrontación. Actuando con cierto realismo han contribuido a que la AC concluyera su trabajo y aunque tienen críticas, en algunos casos bien fundamentadas, no se puede encasillarla en la oposición ciega y furibunda que practica sobre todo la derecha de la llamada “media luna”.     

 

A partir de esos momentos definitorios, todo el proceso político boliviano ha transcurrido en medio de duras batallas, de enfrentamientos que incluso han tenido un carácter cruento. La oposición reaccionaria ha ido abandonando cada vez más el terreno de la legalidad y la confrontación democrática y ha acudido más y más a la violencia de francos rasgos fascistas. La intolerancia, el racismo, el etnocentrismo, el regionalismo y el anticomunismo han sido los recursos que incluso les ha servido para imponer los llamados “estatutos autonómicos”. Estos no han servido, sino para explicitar las intenciones contrarrevolucionarias de los llamados movimientos cívicos, los cuales, en el cumplimiento de sus propósitos, están jugando hasta las cartas separatistas varías veces ya jugadas, sobre todo en Santa Cruz, frente a gobiernos progresistas o populares o que se atrevieran a afectar intereses de las clases dominantes. La reacción internacional, las agencias de inteligencia y la propia embajada estadounidense, en representación de los intereses imperiales, es natural que, repitiendo su accionar histórico, esté detrás de todo este movimiento contrarrevolucionario.

 

 Un momento de cierto alivio se ha producido con las fiestas de fin de año y el anuncio de un diálogo entre el gobierno y los prefectos que, en su gran mayoría, son portavoces y militantes de la derecha. Pero los temas sacados a relucir (aplicación de la nueva Constitución; compatibilizarla con los estatutos autonómicos; devolución de la cuota parte del impuesto directo a hidrocarburos (IDH) que se ha reducido en beneficio de los mayores; la discusión del tema del referendo revocatorio para el presidente y los prefectos, etc. es de suponer, no arribará a un acuerdo). La confrontación seguirá pudiendo llegar a estallar tarde o  temprano, en una suerte de crisis final; esta es una regularidad muy difícil de eludir en este tipo de procesos.

 

Al campo de la derecha y la reacción fascistizada sólo se puede oponer a las masas populares y sobre todo a los trabajadores del campo y la ciudad, a los trabajadores manuales e intelectuales. Lamentablemente, sobre todo en el ámbito de la clase obrera, de la COB y de otros sectores de asalariados no existe aun la suficiente coherencia política y la necesaria claridad de la conciencia social. Es más, más de 20 años de neoliberalismo y la presencia inagotable de sectores radicales, como el trotskismo, han deteriorado sus niveles concienciales y, por veces, asumen actitudes que se tornan funcionales a los fines de la reacción.  El proceso de reposición y fortalecimiento orgánico del movimiento obrero y sindical no transcurre con la rapidez necesaria. Sin embargo, a corto plazo están previstos congresos y conferencias que pueden brindar la oportunidad a la esperada reposición y fortalecimiento de sus filas y, sobre todo, a la clarificación de sus objetivos de lucha.

 

Unas palabras acerca de los movimientos sociales. Diversas experiencias demuestran que su heterogeneidad, la naturaleza de su organización espontánea y de objetivos a veces muy concretos y limitados no es ninguna garantía de estabilidad y proyección revolucionaria. Sin embargo, es absolutamente necesario trabajar con ellos, insuflarles conciencia y visión de conjunto y ganarlos hacia objetivos de largo aliento y de las metas del único cambio que históricamente significa su emancipación, junto a los otros trabajadores, al proletariado al que pertenecen en una concepción lata. Algo similar sucede con los movimientos de carácter nacional étnico, sobre todo importantísimos en un país multinacional (o plurinacional), multilingüe y multicultural como Bolivia y con un indígena en la presidencia. La reivindicación, totalmente legítima, de lo nacional-étnico, de los derechos de los pueblos originarios, no puede nublar el horizonte del imperativo histórico del cambio revolucionario. En este caso es la Patria boliviana y su emancipación los que debe unificar a pueblos y clases revolucionarias con el objetivo histórico de construir un nuevo orden social que excluya la explotación del hombre por el hombre y la opresión nacional.

 

Para quienes se reclaman adherentes a una concepción leninista de la Revolución no escapa la necesidad de tomar medidas para una tarea que, en el momento, se presenta compleja y difícil: la tarea de construir la vanguardia revolucionaria. Es obvio que esta tarea comienza por el propio Partido. Sólo un partido orgánicamente fortalecido y repuesto puede pesar algo en el acontecer social, en la lucha de masas y en el movimiento revolucionario. Mas esta tarea, que es una verdadera misión, los comunistas jamás se la han planteado desde la soledad y el aislamiento sectario. La obra revolucionaria necesita asentarse en amplias masas populares. La clase obrera, nunca alcanzará sus metas históricas sin las necesarias alianzas y en primer lugar con el campesinado que generalmente, en Bolivia, se confunde orgánicamente con los pueblos originarios, aunque no de modo exclusivo. De aquí arranca la necesidad de fijar objetivos orgánicos de corto y mediano plazo que coloquen al Partido en la capacidad de cumplir su papel de fuerza política de la transformación revolucionaria.  

 

 

 

 



[1] ) Los pronósticos económicos más serios y que no maquillan las cifras, demuestran que los EUA sufrirán, de manera indefectible, una profunda recesión. Esta repercutirá seriamente en la economía mundial, pero justamente en Sudamérica es probable que el impacto sea menor precisamente por sus procesos integradores.