EDITORIAL
¿HACIA
DÓNDE MARCHA BOLIVIA?
El último encuentro del “Foro
Mundial Alternativo- VIII Encuentro de Intelectuales y Artistas en Defensa de
la Humanidad”, ha estado dominado por dos temas: Primero, el análisis de la
crisis global del capitalismo y su repercusión, particularmente, en los países
del Tercer Mundo. El segundo tema cobró estrecha relación con el primero: ¿Qué
perspectivas se plantean a los países del globo y particularmente a aquellos
como Venezuela, Bolivia, Ecuador y
Nicaragua, que se han propuesto cambiar profundamente sus estructuras económico-
sociales y en el caso del primero, se habla ya de “construir el socialismo”?
Es obvio que estamos viviendo
una peculiar coyuntura política fuertemente determinada por la crisis del
capitalismo. Ésta no es novedad para la ciencia económica marxista. El carácter cíclico de las crisis capitalistas
ya lo describieron y estudiaron Marx y Engels en el siglo XIX, determinando
su causa eficiente: la anarquía de la
producción y el manejo sin regla alguna de los capitales, del dinero, en
manos de una burguesía cada vez más voraz.
No todas las crisis capitalistas
transcurren de la misma manera. La crisis capitalista de hoy no se parece a las
de los tiempos pasados, aunque sus causas sean las mismas, pues éstas yacen en
el seno de sus entrañas y forma parte de su naturaleza.
La actual crisis es global en dos sentidos: abarca al mundo entero y, en
esa medida no podemos ignorar, que afectará a Bolivia. Sería irresponsable decir que
pasará por nuestra vera afectándonos apenas. Pero tampoco hay que dejarse ganar
por la desesperanza que quiere generar la derecha con sus pronósticos
catastrofistas. Hay una oportunidad para cumplir, precisamente, lo que es la
conclusión más importante del encuentro de Caracas: “La crisis abre oportunidades para la construcción de alternativas al
capitalismo”.
Las crisis del capitalismo han
tenido prolongaciones diversas. Por ejemplo, la crisis de la llamada “gran
depresión” de 1929 duró hasta 1933. Sin embargo, ya en 1937 se presentaba una
nueva crisis que casi fue a desembocar directamente en la II Guerra Mundial (II
GM). En ambos casos la crisis tuvo distintas salidas aunque sí hay que señalar
un rasgo común: en ninguno de los dos el capitalismo emergía como un sistema
idéntico al del período anterior de las crisis. Baste recordar el New Deal de Rossevelt, basado en las
propuestas de Keynes. En ambos casos hay que apuntar que las crisis no tocaron a la Unión Soviética, que entonces ya se
había desgajado del sistema capitalista y avanzaba con éxito en la construcción
de un sistema novísimo en la historia de la sociedad humana, el Socialismo. ([1])
La crisis actual, que empezó con la ruptura de la burbuja financiera, se ha
extendido a la economía real: se cierran fábricas, empresas de servicios; se despide
a la calle a millones; se contrae la capacidad de compra y el comercio registra
descenso de las ventas. Baja el precio de las materias primas incluidos los
energéticos. La gente abandona el automóvil para transportarse en los medios públicos
y muchos usan sus movilidades como viviendas al haber perdido éstas. Suben los
precios de los alimentos, al mismo tiempo que las catástrofes naturales
determinan una disminución de la oferta; hay una verdadera crisis alimentaria y una crisis medioambiental. Ésta
también tiene que ver con el capitalismo depredador del medio ambiente. En
muchos países las remesas de los trabajadores emigrantes se convirtieron en
parte importante del ingreso nacional. Hoy esos trabajadores han disminuido
notablemente el volumen de las remesas y muchos se ven obligados a retornar a
sus países, al haber perdido sus empleos. Se ha producido lo de siempre en las
crisis: destrucción de las fuerzas productivas y un trastorno total del funcionamiento de la
economía y la sociedad capitalista.
No por hallarse en crisis el
imperialismo ha abandonado sus planes de expansión y dominación mundial. El peligro mayúsculo es que busque la
salida de la crisis por la vía de la
guerra. En verdad, ésta ya viene desarrollándose desde 1999 cuando
la OTAN, espoleada por los EUA, consumó la desintegración de Yugoslavia. Siguió
con la intervención a Afganistán y finalmente se produce la II Guerra del Golfo
con la ocupación de Irak. Continúa el estado de guerra permanente que vive el
Oriente Medio, donde las agresiones constantes de Israel contra el pueblo árabe
de Palestina producen una sangría permanente. Periódicamente se reaviva la
violencia en el Líbano y el terrorismo de Estado es la norma en muchos otros
países más. En Afganistán y en Irak los combates, la violencia y la destrucción
no han cesado.
Nuevos peligros amenazan al mundo en todos los continentes. En Europa, EUA y la OTAN,
quieren cercar a la Federación Rusa con bases militares, como pretenden hacerlo
desde Georgia.
EUA han reorganizado la IV Flota, apuntándola contra Sudamérica. El objetivo empezando por
Venezuela, son los países que cuentan con regímenes progresistas como Bolivia,
Ecuador y Nicaragua. Pero no se deja de hostilizar a otros de regímenes más
moderados como los de la Argentina, Paraguay y hasta el propio Brasil.
Es en estas condiciones que Bolivia encara - al ingresar al tercer
año de la instauración del gobierno popular - una compleja situación política y una delicada situación económica. Es
cierto que, políticamente, la situación es mucho menos aguda que los meses de
agosto y septiembre. En agosto la derecha fue batida electoralmente. Evo
Morales recibió más de 2/3 de los votos que lo confirmaban en su mandato.
Empero es la derrota de septiembre la que sella el fracaso de la conspiración y
la subversión reaccionaria, prohijada y sustentada por el imperialismo. En este
episodio fue la brutalidad de la derecha fascistizada, la que desencadena la
reacción del gobierno y del pueblo. La
masacre de campesinos en Pando ([2])
hizo evidente, hasta para el más despolitizado ciudadano, de dónde se cernían
los peligros en contra de la democracia, truncaba la posibilidad del cambio y
amenazaba la integridad del país.
La mejoría de la situación
política permitió un acuerdo por el cual se convoca a referendos: aprobatorio
de la nueva Constitución Política (NCPE) y dirimitorio sobre la extensión
máxima de tierras agrícolas. También se ha arribado a un acuerdo sobre la
aceptación de la reelegibilidad del Presidente, por una vez, acortando un año de su mandato actual. Además
de distender el animus político, la
derecha ha salido profundamente dividida y sin liderazgos efectivos. El CONALDE
(Consejo Nacional Democrático), en la práctica ha colapsado.
Lo más probable es que la NCPE sea aprobada sin mayores dificultades en enero del 2009. Hay sectores
de la derecha moderada - o de fino olfato para diferenciar lo esencial de lo
secundario y que perciben un retroceso en el gobierno – que votarán por su
aprobación. Es el resultado de cabildeos
y negociaciones de pasillo que, sin duda, señalan concesiones que todavía hay
que examinar cuidadosamente para tomar recaudos y señalar conductas políticas
firmes en el futuro inmediato. El proceso político boliviano que,
particularmente con Evo, mantiene una posición antiimperialista ([3]),
antioligárquica y a favor de las clases
populares no puede limitar, en la actual coyuntura histórica nacional e
internacional, sus horizontes y aceptar la existencia indefinida del
capitalismo, cualquiera que sea el apodo que este adopte.
La cuestión vital del momento es
comprender que, aunque hay que abogar por la aprobación de la NCPE y esto a
pesar de evidentes concesiones, que la
revolución social – la experiencia revolucionaria lo señala – no transcurre por
los quicios de las leyes. De donde resulta que la controversia por la
aprobación de la NCPE no debe acaparar toda la energía popular y del gobierno.
El referendo del 25 de enero necesita un 50% + 1 para poner en vigencia la
nueva Constitución y es muy dudoso, con el lastimoso estado en el que ha
quedado la derecha, incluido CONALDE, se produzca una sorpresa. Lo que sí debe preocupar al pueblo es que, en la nueva
NCPE no exista soportes legales que impidan erradicar al neoliberalismo. Lo que
se denominó correctamente EL RESCATE DE LA PATRIA es lo que debe cumplirse en
primer término.
La crisis global y multifacética del capitalismo (financiera, productiva, comercial,
alimentaria, medioambiental) ha llevado
a la opinión pública internacional, particularmente de los trabajadores, a
pensar en alternativas al capitalismo crudo y rampante que oprimió al mundo
con el modelo llamado neoliberal. Quienes lo sufren se han dado cuenta de que
son las corporaciones transnacionales y los regímenes políticos que los
representan los únicos culpables del desastre. Hasta la rotunda derrota de los
republicanos en los EUA tiene que ver con ello. Los votantes estadounidenses quisieron
castigar la irresponsabilidad financiera y el belicismo de Bush y votaron por Obama.
Está por verse en qué medida éste responderá a esa evidente evolución del
electorado que hasta superó el prejuicio racial.
Si el capitalismo es incapaz de
solucionar los grandes problemas que preocupan a los pueblos es hasta lógico
buscar alternativas completamente distintas a lo que ha fracasado. Es cuando se
debe precisar el contenido de la consigna que se ha manejado desde hace varios
años atrás en seminarios, foros, coloquios y en grandes movilizaciones de
masas: OTRO MUNDO ES POSIBLE. Pero, ¿cómo será ese mundo? ¿Cómo debemos
imaginarlo para Bolivia?
Empecemos diciendo que para los marxistas-leninistas nunca hubo duda de que
el mundo del futuro, ese “otro mundo” no será, sino un mundo socialista.
No es posible plantearse
construir el socialismo de la noche a la mañana; no está a la vuelta de la
esquina. Sobre todo a partir de la coyuntura que se ha dado con el gobierno actual
se piensa, con buena intención, que eso ya está determinado. Eso no es así.
Sobre todo hay grandes carencias en el factor subjetivo y en la ideología. Más
adelante volveremos a este aspecto de la máxima importancia. Pero partiendo de
la premisa de que las fuerzas revolucionarias de orientación socialista no
renuncian a esa perspectiva histórica la larga lucha se divide al menos en dos
etapas.
El PCB define la actual etapa como una etapa de
liquidación del modelo neoliberal y, en su proyección histórica, como un
proceso de liberación nacional. La esencia de este proceso es el rescate a
manos del Estado boliviano el sector estratégico de la economía nacional:
hidrocarburos, minería y metalurgia, transportes, comunicaciones y recursos
hídricos. El objetivo es pasar de la
economía llamada rentista, a una economía productiva. No se puede vivir ad perpétuam de los intereses de las
reservas internacionales. Se debe
propender a una economía planificada que genere valor agregado y fuentes de
trabajo. En lo financiero, restablecer el sector estatal de la banca, sobre
todo el Banco del Estado.
En un período de crisis
internacional y cuando se plantea una seria amenaza de una aguda carencia de
alimentos y una peor escalada de precios, urge
un plan de emergencia alimentaria. Este debe contemplar la producción ante
todo de: cereales (trigo, maíz,
soya, arroz); tubérculos (papas,
yuca y otras variedades); productos cárnicos
(carnes: vacuna, porcina y avícola) y productos lácteos (leche y derivados). Además
de evitar el hambre y el combate a la endémica desnutrición infantil, esto nos
acerca al ideal de la soberanía y la autosuficiencia alimentaria. Hay que
basarse en la abundancia de recursos hídricos que poseemos, junto a la variedad
de pisos ecológicos.
No puede haber un desarrollo ni
siquiera capitalista moderno con la persistencia del latifundio y arcaicas
formas de explotación como las de servidumbre y semiesclavismo. Hay que liberar
las fuerzas productivas del campo de las relaciones basadas en el latifundio. Es imperativa la liquidación del
latifundio, la redistribución de la tierra, la devolución de ésta a las
comunidades originarias y el amplio desarrollo de formas de explotación
comunitaria. Debe restringirse, hasta su desaparición total el mercado de la
tierra.
Todo esto configura, en esencia,
a un país con un Capitalismo de Estado. Debe acabar el prejuicio contra este, de
estirpe generalmente “izquierdista” y pequeñoburguesa, pero también de sectores
burgueses que quisieran mantener en sus manos las palancas esenciales de la
economía. Lenin decía que las formas más desarrolladas del capitalismo de
Estado, son “la más completa preparación” para el tránsito al socialismo. La clave consiste en que el capitalismo de
Estado debe ser puesto bajo el dominio del poder popular.
Ninguna de estas tareas puede
cumplirlas por sí solo ningún país latinoamericano y menos Bolivia. Todo esto
debe desarrollarse en un proceso de integración que abarque desde las finanzas
hasta la producción. El ALBA, el Banco Sur, las empresas bi y multinacionales
proyectadas o que comienzan a construirse, etc. deben recibir un mayor impulso
precisamente en un momento en que la estructura de los organismos financieros
(FMI, BM, OCM y otros) controlados por el capitalismo internacional están
cuestionados. Es la hora de volver a trabajar por un Nuevo Orden Internacional;
por una nueva arquitectura de las finanzas internacionales, donde las naciones menos
desarrolladas tengan voz.
El capitalismo no estatal, seguirá existiendo, pero fuertemente regulado. Las clases poseedoras tienen que
limitar su afán de lucro y respetar todas las disposiciones que protegen el
trabajo: Jornada máxima de 8 horas, pago de horas extras y trabajo en días
feriados; vacaciones pagadas, prohibición del trabajo nocturno para las mujeres,
cumplimiento estricto de las normas de seguridad, etc. El derecho a la
sindicalización es irrenunciable y la empresa privada debe aportar a la
seguridad social.
Cumpliendo esa primera etapa de
transito social se puede encarar la real
transición hacia el Socialismo que significa fundamentalmente el desarrollo de
formas sociales y públicas de la propiedad de los medios de producción y nuevas
relaciones de producción que superen la enajenación privada del trabajo dado
socialmente; que desaparezcan todas las formas de explotación del hombre por el
hombre. Es imposible pensar en esas transiciones sin el factor subjetivo,
sin la adquisición de la conciencia - por parte del pueblo y sobre todo de los
trabajadores manuales e intelectuales - del imperativo histórico de construir
una nueva sociedad que garantice el desarrollo libre e integral de la persona
humana.
[1] )
[2] ) Ahora confirmada por el
informe de
[3] ) La expulsión del embajador Goldberg y el ulterior desalojo de