EL ESCUADRISMO EN ACCIÓN

 

Marcos Domich

 

El paro “cívico” ha mostrado dos fenómenos propios del manejo de los movimientos de masas: la compulsión psicológica y la presencia de grupos de choque. Los dos fenómenos forman parte del programa de acciones. Lo practicaron, con prescripción claramente diseñada, los fascistas italianos, al organizar las escuadras de los “fasci di combatimento”. De ahí procede el nombre a su movimiento: fascismo. Éste, con carácter ingénito, ha buscado militarizar la política. Es el resultado de su triste condición en el campo del programa y de la teoría política. En una situación de cambio, al no tener nada que proponer y sin ideas para la defensa de sus intereses, el último recurso que les queda es la violencia y a ella recurren sin disimulo, abiertamente, como lo han hecho particularmente en Santa Cruz.

 

Los antecedentes históricos, nacionales e internacionales, son abundantes sobre esta tendencia ingénita a cubrir la carencia de ideas con la exhibición de los músculos. En España, el fundador de la Falange Española, Primo de Rivera, decía que “la dialéctica más admisible es la dialéctica de los puños y las pistolas.” En Italia las escuadras funcionaban en base a dos componentes: el “camión y el manganello” (garrote). Se desplazaban de sindicato en sindicato causando estragos, con una notoria furia antiobrera, descubriendo la esencia de su inspiración y servicio de clase. Pero el remate es, sin duda alguna, el desborde de los Escuadras de Asalto (SA), de los camisas pardas en “la noche de los cristales”. En los barrios judíos de Berlín no quedó almacén o establecimiento semita que tuviera un vidrio sano. En este momento ya no sólo es el enfrentamiento de clase sino, que este adquiere una nueva proyección, acaso más odiosa y repugnante: la del racismo.

 

En las ciudades afectadas por el paro se ha visto, por desgracia, algo similar. La Unión Juvenil Cruceñista ha atacado el barrio Andrés Ibáñez de pobres y de trabajadores tanto cambas como collas. El antiobrerismo, el antipobrismo, con el etnocentrismo blancoide, crearon la erosiva mezcla que estalló desde tempranas horas. La idea era intimidar, mostrar de lo que eran “capaces”, cuando unos indios y cambas se atrevieron, con infinita valentía, a decirle no al paro subversivo.

 

Es una desgracia para un país que busca un cambio, como lo hace hoy la mayoría de los bolivianos, tener que toparse con la sinrazón. Porque, en efecto: ¿Algún alegato real exhibe la derecha, más propiamente la oligarquía tanto oriental como occidental? ¿Es verdad eso de que en este país se acabó la democracia y están luchando por la libertad? Seamos honestos señores: ¿Hay un preso político en este país? ¿Se ha clausurado algún medio de comunicación, incluidos aquellos que insultan a autoridades y trabajadores? presidente?

 

El fascismo ha mostrado su rostro. Ha llegado la hora de despojarse de la ingenuidad; no se debe permitir el surgimiento de la bestia.