EL
FETICHISMO DEL DINERO
Marcos Domich
El miércoles las agencias de noticias publicaban un
panorama deprimente de la economía estadounidense y luego de la mundial. El
secretario del Tesoro, Henry Paulson, anunciaba que
la ayuda de 700.000 millones de dólares no serviría para comprar las “deudas
tóxicas” (irrecuperables). Ha propuesto inyectar el dinero en los organismos
financieros y estimular los créditos para el consumo. En pocas palabras esto
significa seguir jugando con papeles, con billetes, mientras la economía real
que es la economía productiva no recibe ninguna ayuda. Las bolsas produjeron un
“miércoles negro”.
Al día siguiente las bolsas repuntaban gracias al impulso
del Dow Jones de la bolsa
de Nueva York, repuntó más de un 6,6%. ¿Mejoró tanto
la economía norteamericana en 24 horas? Nada de eso, simplemente el saliente
presidente Bush se mandó un speech
en el que alabó el mercado libre y ¡al capitalismo¡ cuya situación es cada día
peor como sistema, como manejo de la economía, sin que nos refiramos a otros
aspectos que, ya lo sabemos, tampoco gozan de buena salud.
Los juegos de la bolsa, las subidas y las bajadas, los
días esplendorosos y los días negros no son sino la expresión más clara de
aquello que Marx , ya en el siglo XIX denominara como el fetichismo del dinero, a partir de su
estudio más general del fetichismo de la mercancía. Demostró que surgía una
conciencia fetichista que, para decirlo en términos gráficos, ocultaba las
realidades sustituyéndolas por ficciones. Bush no
hizo, sino una manipulación más de la conciencia; pero no tendrá ninguna
duración, ningún efecto real. No ha podido influir en nada en un proceso que
está en marcha imparable y que se manifestará con toda su fuerza el primer
semestre del próximo año. Hugo Chávez con su retórica llena de figuras ya lo
dijo el mes pasado: Que unas horas se levanten los índices de las bolsas es
como “el rebote de un gato muerto”. Si tiras a un gato muerto desde la altura
de un edificio es cierto que rebotará, pero no porque esté vivo.
La concepción más duramente capitalista sigue haciendo
culto del dinero, de las finanzas. Bush en eso ni
siquiera atiende la posición diferenciada de Obama
que pide socorrer a las fábricas de automóviles (General Motors,
Ford) al borde de la quiebra. No se ocupa del obrero,
del trabajador en general, se ocupa de los bancos. El economista brasileño,
Marcos Arruda, sintetizaba esto diciendo que se debía
“ayudar a los pueblos y no a los bancos”.
Mientras Bush habla y va a
intentar imponer su punto de vista en la reunión de 20 países, de la que no
saldrá nada concreto; la economía europea sigue hundiéndose. Alemania e Italia
han declarado oficialmente que están en recesión. Francia gracias a una argucia
contable, no lo ha hecho aún. En la fila están Austria, Portugal, España. En
esta última hay 3 millones de parados. En fin, la OCDE (Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Europea) diagnostica que los 30 países que la
componen ya están en recesión.
Los países latinoamericanos tendrán que poner las barbas
en remojo. Pero también, como nunca, la situación puede ser enfrentada mancomunadamente
atenuando los efectos de la crisis capitalista, con métodos que descarten la
ortodoxia del sistema y lo primero es la integración, la solidaridad y la
autosuficiencia productiva. Adios FMI, BM, OMC ya
hicieron bastante daño. Ahí están el ALBA, el Banco Sur,