EL FRACASO DE LOS GOLPISTAS

 

Marcos Domich

 

La noticia que ha ocupado los más grandes espacios de la prensa internacional ha sido el espectacular, cuanto valiente, retorno de Zelaya a Tegucigalpa. No se conoce ni la trayectoria ni el camuflaje que pudo haber tenido Zelaya. Dijo que atravesó decenas de puestos de control; caminó por sendas difíciles y desde alguna frontera – acaso la nicaragüense – llegó a la capital hondureña y finalmente se refugió en la embajada del Brasil. No se despojó ni de su característico bigote renegrido ni de su sombrero blanco de cowboy. De inmediato el pueblo empezó a concentrarse para convertir la demostración en una verbena popular. El incidente ha contribuido a desnudar una vez más la inmoralidad comunicativa de la dictadura. Mientras la gente ya se concentraba en torno a la legación brasileña, el usurpador Micheletti decía “yo tengo pruebas de que Zelaya está en una suite de un hotel en Managua” y desmentía que el Presidente –aunque derrocado, legítimo – estuviera en Tegucigalpa. Esta afirmación recuerda a la del prefecto Costas de Santa Cruz. Apenas se supo el desmantelamiento del comando terrorista de Rózsa, dijo muy suelto de cuerpo que “era un montaje”.

 

Nos hemos detenido en este detalle de comunicación porque apunta a una de las características más sobresalientes de la conducta informativa de la extrema derecha o, directamente, del fascismo: su gran capacidad de distorsionar la realidad, de no ser objetivos bajo ningún concepto. No la han desempolvado, sino tenían siempre presente aquella divisa del ministro de propaganda del IIº Reich. “Miente, miente que algo queda” aconsejaba Goebbels. La divisa nazi podría ser cambiada ahora por otra que diga: “manipula, manipula la información, que alguien te creerá”. Es lo que sucede ahora. Una agencia internacional transmitía que la “normalidad vuelve a Honduras…(que) los habitantes intentaban presentar un rostro de normalidad”. Ni una palabra sobre la represión continua a las manifestaciones, que no han cesado pese al toque de queda. Casi nada sobre el cerco a la embajada de Brasil, los cortes de agua, luz, el impedimento al ingreso de alimentos. Nada acerca del espionaje telefónico con sofisticados aparatos proporcionados por Israel, el único país que reconoce al gobierno de Micheletti. 

 

El ingreso de Zelaya ha descompuesto la estrategia de los golpistas. Pensaban que iban a dilatar las conversaciones con la comunidad internacional hasta realizar elecciones cuyo resultado no será reconocido por nadie en el mundo. El presidente legítimo ha propuesto y hasta ha llamado a los golpistas a dialogar. Parte de la iglesia católica ha aceptado el llamado y también los candidatos a las elecciones. Pero los golpistas permanecen una actitud irracionalmente terca. No se dan cuenta que están completamente aislados. En la Asamblea General de la ONU nadie se ha pronunciado en su favor. El Consejo de Defensa ratifica su exigencia de que Zelaya sea repuesto en la presidencia. Días más días menos y de no mediar un acto de salvajismo de los golpistas su derrota está sellada.