MIRAR HACIA EL
FUTURO
Marcos Domich
La conclusión más importante, del VIII Encuentro en
Defensa de la Humanidad- Foro Mundial Alternativo (Octubre- Caracas), fue que
“la crisis abre oportunidades para la construcción de alternativas al
capitalismo”. Lo que demostraron importantes pensadores recordando que es un
deber revolucionario – no por voluntarismo, sino por análisis científico - aprovechar
la coyuntura de la crisis del capitalismo “que no puede tener una solución
capitalista, pues significaría trasladar los costos y sembrar nuevos
sufrimientos a los países y pueblos del Sur y en los sectores más vulnerables
del Norte.” Trasladar esta conclusión a Bolivia, nos lleva de a subrayar que
sería irresponsable negar que la crisis, que ha estallado en la metrópoli
capitalista, pase por nuestra vera sin afectarnos. Urge, pues, esbozar un plan que
diseñe vías de desarrollo que ayuden a liquidar los enclaves neoliberales aún dominantes
en la realidad económico-social, así como en las mentes y la psicología de los operadores
del modelo derrumbado. Deben admitir el naufragio del Consenso de Washington y
otros instrumentos ideológicos que impusieron el modelo a América Latina y el
mundo.
Se puede aprobar la
nueva Constitución, pero es más importante profundizar los cambios. ¿Es
posible otra vía de desarrollo que no sea “solución capitalista”?
Definitivamente sí. Pero no se dará de la noche a la mañana. Hay que lograr superar la lógica
intemperancia de las masas y conseguir su decidida participación en la
construcción de la alternativa “no capitalista”. Para ello es ineludible,
primero, llevar al país entero por la vía de una economía productiva. Rescatar a
manos del Estado el sector estratégico de la economía: hidrocarburos, minería,
transportes, comunicaciones y recursos hídricos. Convertir a Bolivia en un país
productor y autosuficiente. Ese es el comienzo de la transición. Es vital abandonar
la mentalidad rentista que cree que podemos vivir ad perpétuam de los dividendos de
las reservas internacionales. Segundo: Enfrentar
lo más agudo de la crisis que se manifestará en la escasez y la subida de
precios de los alimentos. Es imperativo lograr, y pronto, la autosuficiencia alimentaria. Se debe producir cereales, tubérculos,
productos cárnicos y lácteos. Bolivia tiene los pisos ecológicos y el agua
suficiente para esto. Evitemos el hambre, eludamos la desnutrición.
Por último, todo es posible sólo en un plano
integracionista. Nadie en América Latina - menos Bolivia - puede enfrentar en
solitario la crisis que es global y multifacética.
Hay que decir adiós al FMI, al MB a la OMC; forjar el Banco Sur, dominar las
propias finanzas, poner en marcha los acuerdos energéticos conjuntos.
En el caso de Bolivia - con una economía dependiente,
atrasada y la más pequeña de Sudamérica - hay que pensar al menos en dos etapas
del proceso: fortalecimiento del sector estatal de la economía (lo que es todavía
capitalismo de Estado) y liquidación del latifundio. El capitalismo no estatal
seguirá existiendo, pero no “por la libre”, sino rigurosamente regulado. Sólo
entonces, del capitalismo de Estado - bajo el poder popular - se puede iniciar
el tránsito a la sociedad donde se liquide la explotación del hombre por el
hombre, es decir al Socialismo.