GUERRA PSICOLÓGICA EN CONTRA DEL CAMBIO
Marcos Domich
La llamada guerra psicológica, como conocimiento y
como práctica, tiene un capítulo importante: la difusión o la provocación del
miedo, del pánico colectivo. El fenómeno ha sido estudiado y trabajado hasta el
cansancio, pero no es ninguna cuestión del otro mundo. No es, digamos, una alta
tecnología. Por el contrario es, con frecuencia, un producto que surge
espontáneamente y brota en la mente de gente común y corriente en
circunstancias especiales. El terreno en el que el miedo prolifera y se difunde
es generalmente la falta de información o la falta de conocimientos. Por lo
tanto cunde más allí donde mortales comunes y corrientes, desprevenidos son
pescados por la onda de la guerra psicológica. Lo relativamente nuevo en la
creación del clima de miedo o temor es la intervención de los medios de
comunicación de masas. Un rol particularmente efectivo juega la televisión. El
poder de la imagen televisiva es inconmensurablemente mayor que el del relato
escrito o la imagen impresa. Por varias razones la voz transmitida por radio y
que goza de un buen grado de credibilidad, mantiene un poder que cede muy poco
al de la televisión.
De otro lado, como una espada de Damocles, pende
sobre la cabeza de los bolivianos la amenaza de una declaratoria unilateral o
de facto de la autonomía departamental por los 4 departamentos de la llamada
media luna. Es casi la amenaza de producir una implosión del país y dar al
traste con un Estado Nación que no alcanzaría a los 200 años de existencia
propia. La autonomía departamental, según los más furibundos autonomistas, es
una suerte de panacea que pondrá solución a los males regionales producidos por
el centralismo. Empero la pura verdad es que pretenden hacer de ella un escudo
que proteja su prosperidad y granjerías.
A diario se escuchan y se leen los comentarios
acerca de la gravedad de la situación económica. La gente desesperada ante los
oscuros augurios no sabe si comprar cosas, convertir su dinero en divisas o, al
revés, depositarlos en bolivianos con menor valor adquisitivo dada la subida
provocada de precios. Los ganaderos incrementan inopinadamente el precio de la
carne debido a desabastecimiento por pérdida de ganado, aunque sugestivamente
han solicitado exportar más a Venezuela. En fin, con torrentes de rumores, como
enseña la guerra psicológica, se pretende desorganizar la economía. A todo se
le pone pero, la cuestión es hostigar al gobierno, desalentar y confundir a la
opinión pública. Lo deplorable es que hasta sectores laborales parecerían
sumarse al intento de ahondar la impresión de desorden, de caos.
Los terratenientes y ganaderos anuncian que
resistirán la puesta en práctica del reglamento de Reconducción Comunitaria de
Podríamos llenar páginas examinando los diversos
conflictos que se dan en este momento y que ponen en grave entredicho la
tranquilidad pública. Pero no referiremos a uno sólo que ocupará, hasta el 7 de
agosto, los espacios de todos los medios de comunicación: La parada militar en
Santa Cruz, la presencia de algunos miles de efectivos militares, acompañados
de un contingente de ciudadanos de los pueblos originarios. Lo harán como lo
hicieron el año 2006 en Sucre. Entonces no sucedió nada, hasta se vio la parada
como algo novedoso y simpático. ¿Por qué tanto escándalo ahora?
Casi unánimemente comentaristas, analistas,
historiadores y comunicadores en general, sobre todo cruceños, han desempolvado
de su memoria los acontecimientos de mayo de 1958, en Terebinto. La toponimia
Terebinto ha estado en boca de todos ellos con un dejo de miedo, de
desesperanza, casi de pánico colectivo, pero también de furor. A la modalidad
de esta parada, plenamente planificada por las instancias correspondientes de
las Fuerzas Armadas, le han llamado “provocación” “insulto a la memoria de los
caídos en la masacre de Terebinto”. “Los ucureños
(ahora ponchos rojos) quieren provocar otra masacre”, etc. etc. Pero ¿qué fue
realmente lo de Terebinto? Al autor de estas líneas, entonces dirigente
universitario, le tocó formar parte de una comisión investigadora que viajó a
Santa Cruz a establecer lo ocurrido, particularmente el daño que pudiera
haberse inflingido a los universitarios. Lo que pasó es que hubo una asonada
falangista en combinación con alguna gente del Comité Pro Santa Cruz y sobre
todo de Unión Juvenil Cruceñista. En Santa Cruz el
movimiento golpista era presidido por el Dr. Mario Gutiérrez Gutiérrez. En los preparativos también estuvo el Jefe de
Falange Oscar Unzaga de
Únzaga prefirió apartarse de los preparativos porque se dio cuenta que
Gutiérrez había adquirido ciertos compromisos inaceptables para el nacionalismo
que aquel profesaba: En caso de ser insuficientes las fuerzas conspiradoras y
sobre todo de fracasar en
Fracasado el movimiento, que no pasó de la toma de
algunos establecimientos oficiales, los amotinados huyeron hacia el monte.
Partieron en su persecución - no sé si una fracción de carabineros o grupos de
milicianos movimientistas - y sostuvieron un choque
en el que murieron dos jóvenes apellidados Coronado y Roca. En su honor hay una
avenida que lleva sus apellidos en la ciudad de Santa Cruz. Dos jóvenes que
fueron sacrificados por la irresponsabilidad de quienes agitan pasiones no
precisamente santas. Recuérdese que la resistencia de los terratenientes
cruceños, su odio a la reforma agraria y de ahí incluso el matiz etnocentrista
y anticomunista que tienen sus demandas políticas, se origina en el problema de
la propiedad de la tierra. ¡Antes que perderla, la muerte! han dicho.
Por la misma motivación ahora han tocado a rebato;
concentrarán a sus fuerzas de choque en las cercanías de la explanada donde se
llevará a cabo el desfile y ya “adivinan” que habrá un autoatentado
que provoque la “agresión de las milicias del MAS”. El comiteísmo,
la derecha cruceña y los expertos en conmoción civil que los asesoran preparan
algo grave.
Los “ponchos rojos” irán desarmados y en eso no
pueden mentir. El Gral. Vargas, Cdte en Jefe de las
FF AA, ha sido enfático: sólo los soldados activos pueden portar armas. Varias
organizaciones populares cruceñas - es decir el pueblo pueblo - participarán
espontáneamente y se han inscrito para participar en la parada del 7 de agosto.
Esperemos que la calma, la serenidad se imponga. Bolivia entera, lo anhela, así
como anhela mantenerse unida y soberana. Esperamos que los oscuros intereses,
que la defensa de privilegios y dominios no se imponga una vez más sobre la
voluntad de cambio progresista que quiere la aplastante mayoría del pueblo
boliviano.