Hidra fascista

 

Ha tenido que correr sangre, y bastante, ha tenido que ser puesto en evidencia uno de los más connotados represores; el mundo ha tenido que enterarse que a un cacique le echaron el guante y está dónde hace mucho tiempo debía estar: tras las rejas. La opinión pública, nacional e internacional, ha tenido que ver el testimonio inocultable de la masacre de campesinos, de sencillas mujeres trabajadoras e inclusive de niños…muertos a bala. Todo eso ha tenido que ocurrir para que al fin, en un arranque de valor civil, de espíritu ciudadano, de elemental honradez se diga que “el disenso deje de ser clandestino en Santa Cruz.” Que se pueda “Construir otra posibilidad” (“El Deber”, 23-09-08, firmado por “Responsabilidad Ciudadana”).

Cada una de sus frases, hasta cada una de sus palabras, revela una alta conciencia social, una formación democrática sólida, un acendrado patriotismo boliviano; honradez intelectual y madurez psicológica suficiente como para oponerse al chantaje y a la intimidación que los había reducido a la condición de disidentes clandestinos. Pero sobre todo demuestra coraje cívico, porque la bestia enajenada todavía no ha sido yugulada.

Al fascismo, durante la II G.M., se acostumbraba representarlo como una hidra; aunque se le cortara las cabezas, siempre se reproducía. Aquí apenas se ha cortado una y acaso a medias. Es que este mal social, engendro del capitalismo en su etapa de descomposición terminal, tiene aún muchos elementos que pueden retroalimentarlo. Entre ellos está la fuerza de la costumbre, la ignorancia, el prejuicio y la conciencia desventurada de la que habló ya Hegel. Pero sobre todo la desinformación mediática. Por suerte, en el mundo entero hay millones de gentes honradas y pensantes. No están solos los de la “Responsabilidad Ciudadana”. No están solos ni en el país ni en el mundo ni siquiera en los Estado Unidos. 90 académicos estadounidenses acaban de publicar una carta en la que exigen su derecho ciudadano a conocer el destino y los nombres de los receptores de millones de dólares entregados para destruir la democracia boliviana. Los intelectuales se dirigen a Condoleeza Rice y con copias al inefable Philip Goldberg, a la jefa de USAID Henrietta Fore, al representante Eliot Engel, encargado de  los asuntos del hemisferio occidental en su cámara y a los dos candidatos presidenciales: Obama y McCain. Piden (peras al olmo), exigiendo que el gobierno de EUA “condene la violencia de la oposición” haciendo especial referencia a Santa Cruz, Pando y Chuquisaca. Tal vez lo sepamos dentro de 30 años; si es que Goldberg no escribe antes sus memorias, como Kissinger, reconociendo cómo desestabilizó y derrocó a Salvador Allende.

No dejarse engatuzar ni envolver en sus maniobras. Hablar como Cristina Fernández en la ONU cuando casi simultáneamente de modo artero presentaban al Antonioni llevando “plata de Chávez” para la campaña. Una sola frase de Cristina desbarató la maniobra: ¿Por qué  EUA no envía a este testigo clave a Buenos Aires para que sea juzgado? El reclamo recuerda la maniobra de querer llevar a Leopoldo Fernández a Sucre. Aquí estaría como Antonioni en Miami. 

Por eso hay que cortar todas las cabezas de la hidra. Y el Hercules que lo haga no puede ser otra que la aplicación de la ley dura. La inventaron ellos mismos, no tienen por qué quejarse que se les haga tomar su propia medicina.