Marcos Domich
La derecha esta convencida que ha llegado la hora
de la ofensiva final contra el proceso de cambios progresistas que se operan en
el país, bajo la batuta del Presidente Evo Morales. Se ha puesto en marcha un
plan diseñado por gente experta. Sería una inmensa ingenuidad creer que cada
movimiento de la derecha es “casual”. Cada día surge un conflicto nuevo o se
reactiva otro que se creía superado. Todo se ha convertido en plazo fatal. Para
la derecha no hay tregua posible. Su desatino la lleva a inventar pretextos de
cualquier naturaleza, hasta pretextos ridículos. Vemos a gente que se la podría
reputar de seria enredándose en explicaciones inconsistentes, mintiendo
puerilmente, rasgándose las vestiduras hasta la desnudez, la desnudez, de sus
verdaderas intenciones. La campaña mediática, a un costo millonario, envuelve y
desorienta hasta sectores que debieran ser los aliados naturales del proceso de
cambio progresistas. Conamaq y Cidob
lanzan plazos fatales y hasta algunos sectores sociales se dejan arrastrar por
la vocinglería ultraizquierdista. Malinterpretan las
circunstancias, distorsionan los hechos, han perdido
el horizonte y ven fantasmas del pasado por doquier. La falta de una visión
clara de parte del gobierno, la falta de experiencia y la madurez y aplomo
necesarios en sus acciones contribuyen también con sus gotas de agua al molino
que mueve la reacción.
Pero quienes instrumentan acciones y movimientos
con precisión y conciencia de sus objetivos son, por supuesto, los
conservadores y reaccionarios de siempre que sienten amenazados sus dominios y
posesiones que ¡vaya a saber cómo las adquirieron! A esta altura es bueno
aclarar que el concepto de oligarquía no es privilegio de Santa Cruz o el Oriente.
También hay una oligarquía occidental y ésta como cualquier otra empieza a mostrar
las garras pudiendo acudir a todos los métodos que estén a su alcance a fin de
preservar sus intereses egoístas y antihistóricos. Es que el asunto es de
clase. De intereses, en una palabra es asunto del bolsillo. Por eso mismo las
instituciones que las representan firman
comunicados en las que manifiestan su alarma histérica acerca de lo que pasa en
el país y piden rectificaciones urgentes. Exactamente como en 1970 con el Gral.
Torres y
Es hora de reflexionar para que la historia no se
repita. La parada militar del 7 de agosto no debe ser un pretexto para caldear
el ambiente hasta el estallido que se busca. Que la derecha no provoque, esta
vez puede encontrarse con la horma de sus zapatos. Y la horma será la unidad y
la cohesión nacional. Hay que pensar
primero en Bolivia.
La burguesía contrarrevolucionaria puede perder el pelo pero no las mañas.
Está afectada de un cinismo a toda prueba. Uno de los pretextos, para ver si
por ahí estalla la cosa, es la parada militar que las Fuerzas Armadas
protagonizarán el 7 de agosto en Santa Cruz. Estarán acompañados por algunos
cientos de indígenas tanto del Occidente como del Oriente. ¿Hay algo de
terrible en este programa de fiestas patrias?
Según los organizadores estarán presentes
representantes de las 36, nacionalidades, etnias y tribus que habitan Bolivia.
Puede un desfile militar provocar tanta
gritería y escándalo? No será que es un simple
pretexto para provocar situaciones de convulsión.