LA HISTORIA DEBE AVANZAR, NO REPETIRSE

 

Marcos Domich

 

La derecha esta convencida que ha llegado la hora de la ofensiva final contra el proceso de cambios progresistas que se operan en el país, bajo la batuta del Presidente Evo Morales. Se ha puesto en marcha un plan diseñado por gente experta. Sería una inmensa ingenuidad creer que cada movimiento de la derecha es “casual”.  Cada día surge un conflicto nuevo o se reactiva otro que se creía superado. Todo se ha convertido en plazo fatal. Para la derecha no hay tregua posible. Su desatino la lleva a inventar pretextos de cualquier naturaleza, hasta pretextos ridículos. Vemos a gente que se la podría reputar de seria enredándose en explicaciones inconsistentes, mintiendo puerilmente, rasgándose las vestiduras hasta la desnudez, la desnudez, de sus verdaderas intenciones. La campaña mediática, a un costo millonario, envuelve y desorienta hasta sectores que debieran ser los aliados naturales del proceso de cambio progresistas. Conamaq y Cidob lanzan plazos fatales y hasta algunos sectores sociales se dejan arrastrar por la vocinglería ultraizquierdista. Malinterpretan las circunstancias, distorsionan los hechos, han perdido el horizonte y ven fantasmas del pasado por doquier. La falta de una visión clara de parte del gobierno, la falta de experiencia y la madurez y aplomo necesarios en sus acciones contribuyen también con sus gotas de agua al molino que mueve la reacción.

 

Pero quienes instrumentan acciones y movimientos con precisión y conciencia de sus objetivos son, por supuesto, los conservadores y reaccionarios de siempre que sienten amenazados sus dominios y posesiones que ¡vaya a saber cómo las adquirieron! A esta altura es bueno aclarar que el concepto de oligarquía no es privilegio de Santa Cruz o el Oriente. También hay una oligarquía occidental y ésta como cualquier otra empieza a mostrar las garras pudiendo acudir a todos los métodos que estén a su alcance a fin de preservar sus intereses egoístas y antihistóricos. Es que el asunto es de clase. De intereses, en una palabra es asunto del bolsillo. Por eso mismo las instituciones  que las representan firman comunicados en las que manifiestan su alarma histérica acerca de lo que pasa en el país y piden rectificaciones urgentes. Exactamente como en 1970 con el Gral. Torres y la Asamblea Popular; exactamente como en 1980 cuando la UDP iba a tomar posesión del gobierno o como en 1985, cuando el Dr. Siles Zuazo en acto de inaudito desprendimiento renunció a un año de mandato, para evitar las sangrías que la derecha provocó en 1971 y 1980. En 1971 vino la dictadura de Banzer y poco antes había ya actuado un “ejército cristiano nacionalista”. En 1980 se hizo del poder directamente la delincuencia narcotraficante y los paramilitares se organizaron bajo la dirección del nazi Klaus Barbie. En ambos el clima previo (“la estrategia de la tensión”) contó con el silencio complaciente, cuando no con la cooperación directa de la burguesía. En 1985 sobrevino el Dr. Paz diciendo que “Bolivia se nos moría” y nos impuso la dictadura de las transnacionales y el desmantelamiento de todo lo que el pueblo había logrado en años de, por veces, cruentas batallas sociales.

 

Es hora de reflexionar para que la historia no se repita. La parada militar del 7 de agosto no debe ser un pretexto para caldear el ambiente hasta el estallido que se busca. Que la derecha no provoque, esta vez puede encontrarse con la horma de sus zapatos. Y la horma será la unidad y la cohesión nacional.  Hay que pensar primero en Bolivia.

La burguesía contrarrevolucionaria puede perder el pelo pero no las mañas. Está afectada de un cinismo a toda prueba. Uno de los pretextos, para ver si por ahí estalla la cosa, es la parada militar que las Fuerzas Armadas protagonizarán el 7 de agosto en Santa Cruz. Estarán acompañados por algunos cientos de indígenas tanto del Occidente como del Oriente. ¿Hay algo de terrible en este programa de fiestas patrias?

 

Según los organizadores estarán presentes representantes de las 36, nacionalidades, etnias y tribus que habitan Bolivia. Puede un desfile militar  provocar tanta gritería y escándalo? No será que es un simple pretexto para provocar situaciones de convulsión.