¡BASTA DE IMPUNIDAD!
Marcos Domich
En
Sucre, el 24 de Mayo, los que ocultaban su verdadero rostro e intenciones, se
han despojado hasta del último atuendo mostrándose tal como son. Son de
aquellos a los que el filósofo húngaro George Lukács habría encasillado entre los “asaltantes de la razón”; desquiciados,
agregamos, hasta del sentido común. Capaces de pisotear las más elementales
normas de conducta social. Padecen de una aguda anomia que los lleva a
identificarse con el fascismo.
Uno
de los rasgos cardinales del fascismo es el racismo. La opinión pública
nacional y la internacional han
espectado azorados como se ultrajaba, se humillaba y escarnecía a unos humildes
campesinos quechuas. Se los arrastró cuadras hasta la plaza de armas que se
denomina “25 de Mayo”, en honor a una gloriosa fecha americana y frente a
¿Quiénes
son los autores - al menos autores intelectuales - de estos bárbaros hechos?
Nada menos que un rector, una alcaldesa y otros individuos que ostentan títulos
académicos. En lo personal son la muestra de la “evolución” de una agrupación
política que nació con muchas ínfulas izquierdistas y acabó en la charca de un
oportunismo execrable. Dentro de ese oportunismo y por su apego patológico al
poder no trepidaron en ponerse al servicio de los peores gobiernos y de los
dictadores. ¿A quiénes dirigen? A universitarios que recibieron
refuerzos de jóvenes venidos de Santa Cruz e identificados como miembros de la
Unión Juvenil Cruceñista. ¿Qué sucede con los
universitarios de una universidad de reputación continental como una de las
cunas del pensamiento avanzado de América? Un estado de alienación ideológica y
política que niega todo su pasado. Los vejadores de campesinos quechuas olvidan
que la Federación Universitaria Boliviana nació allí con la consigna de
“tierras al indio y minas al Estado. ¡Qué triste retroceso! Obviamente entre
los agresores están identificados empleados de instituciones que controla el
comité interinstitucional: la alcaldía y la universidad.
Los
hechos de Sucre han levantado una ola de condena en Bolivia que, afortunadamente,
demuestran el aislamiento de los trasgresores de la ley y la moral. Pero no
sólo es Bolivia, sino que en su propio seno se han levantado valientes y
honradas voces como la del sacerdote jesuita Rafael García Mora, directo de
radio Aclo, que ha denunciado con firmeza y por su
nombre a los vándalos.
Peor
es la situación internacional de estos. Los representantes de la Comisión de
Derechos Humanos ya han adelantado juicio condenatorio, sobre todo por las
muestras inadmisibles del racismo y de la discriminación social.
Al
fin parece llegado el momento de castigar a los vándalos. A nadie debe
temblarle la mano para aplicar la ley.