EUA JUEGA CON FUEGO

 

Marcos Domich

 

Toda la semana, la prensa se ha ocupado de Georgia y el conflicto con Rusia y Osetia del Sur. El asunto es muy serio. Se ha abierto un conflicto de largo aliento e implicará fuertes movimientos de fichas el tablero de las relaciones internacionales. Tan graves son las repercusiones del conflicto que se habla de un retorno a los tiempos de la guerra fría. Es inimaginable el movimiento de diplomáticos. Basta señalar que la Canciller Ángela Merckel viajó a Tbilisi (Tiflis en la antigua terminología) para respaldar al atolondrado presidente georgiano Saakasvili. A su turno ha viajado la Secretaria de Estado Condoleesa Rice, a quien el gracejo mexicano ya ha llamado “zopilote (gallinazo) con faldas”. En su mejor estilo, ha lanzado una andanada de amenazas y ha “conminado a Rusia” a abandonar Georgia. No se puede olvidar que el primero en viajar al escenario del conflicto fue el presidente Sarkozy. Dijo haber logrado la suscripción de un acuerdo que implicaba la retirada de tropas -georgianas y rusas - a sus posiciones anteriores al 6 de agosto. Esto es parcialmente cierto, pues Georgia se negó a firmar la cláusula sexta comprometía al ulterior tratamiento del status de Osetia del Sur.

El meollo del conflicto es precisamente el status de cada una de las partes que integran Georgia. Lo que plantearon Osetia del Sur, Abjazia y Adzharia, a la disolución de la URSS, es mantener su situación de región y repúblicas autónomas. Desde que Georgia dejó de ser república integrante de la Unión Soviética las tres regiones se negaron a renunciar a su antiguo status, sobre todo por razones políticas. Por tanto, no es nada nueva la reivindicación del derecho a declararse repúblicas independientes. A ninguna de estas regiones – donde predomina la población rusiana - les parecía bueno que Georgia, incluyéndolas sin su aquiescencia, entrara en tratativas militares con los EUA y estos consiguieran su vieja ambición: Rodear a Rusia de bases militares. Algo inaceptable para este país que, a pesar del retroceso político, social y económico que ha sufrido con la caída del socialismo, sigue siendo una temible potencia militar. Los EUA y sobre todo Europa no pueden ignorar lo que es el nacionalismo ruso, lo que desde tiempos del zarismo se llamaba el sentimiento “gran-ruso” y el culto de la “madrecita Rusia”. Este sentimiento o enfoque (que obviamente no compartía Lenin) era una realidad que inflamaba ya no el nacionalismo, sino el patriotismo que inspiró las hazañas en defensa de la URSS y sobre todo contribuyó a la derrota del fascismo en la II GM.

Los EUA y Europa están sufriendo una recesión sin precedentes. Lamentablemente, ya sabemos, la salida a la crisis, en el capitalismo, es la tentación de la guerra. Hay que esperar que se imponga la razón. En todo caso estos no pueden ignorar que la Federación Rusa sigue siendo una potencia militar con la que es peligroso meterse.