Elipse:  EDITORIAL

 

 

 

 

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La coyuntura sociopolítica se caracteriza por su dinamismo, de tal manera que se requiere destacar las tendencias principales que superan lo inmediato y dan la pauta de los avances y retrocesos de la lucha clasista y nacional-popular.

Fueron contundentes los resultados de dos tercios con más del 67% de votación en el  referéndum revocatorio de los prefectos y ratificatorio del proceso de cambio.

Luego, la expulsión del ingerencista embajador norteamericano Golberg, la cobarde masacre en Pando contra campesinos y estudiantes, con la consecuente detención del principal responsable el cacique Leopoldo Fernández, así como el fracaso de la intentona escalonada del golpe civil-prefectural en la media luna, llevó de nuevo al escenario del diálogo a los propiciadores del golpismo.

Las mesas de trabajo de Cochabamba a la postre precisaron más diferencias que  coincidencias y los prefectos aparecieron para la foto sin asumir compromisos coherentes con su responsabilidad regional. La autonomía departamental “plena” supone que no prosperen las autonomías provinciales e indígenas, y el nuevo diálogo en el parlamento que revisa el texto constitucional aprobado por la Asamblea Constituyente en Oruro sólo tendría razón de ser si ésta volviera a reunirse para homologar los consensos, probabilidad muy remota y que bloquea la oposición.

            Hoy, cumpliendo la agenda de octubre de 2003,  a través de la marcha de Caracollo nuevamente el pueblo boliviano está en las carreteras y en las calles, demostrando  al imperialismo y el fascismo su combatividad en la defensa de la democracia de masas ante otro intento de golpe, expresando su indeclinable voluntad de lograr sus legítimas reivindicaciones y la profundización del proceso de cambios.

Con la gran movilización, y a partir de una declaración pública conjunta, se va estructurando la unidad de los trabajadores en torno a la Central Obrera Boliviana y CONALCAM y de los partidos políticos con trayectoria antiimperialista reconocida, forjando su propia alternativa de poder. Ahora se dan las condiciones favorables para el próximo referéndum dirimitorio y aprobatorio del nuevo texto constitucional, aunque reductos de la derecha reaccionaria en el Senado residual hagan los últimos esfuerzos para impedirlo.

La COB que no reniega a su tradición revolucionaria, impulsa un programa antiimperialista, antioligárquico y antilatifundista que aglutine al pueblo y proyecte su lucha liberadora. En su seno sólo los sectarios y obtusos confunden la independencia con complicidad con las fuerzas neoliberales. Por eso los trabajadores, con la convicción de impulsar sus derechos al marchar codo a codo con los originarios, campesinos y capas medias, fortalecen la estrategia de unidad y lucha. De ahí que nuestro papel como partido no puede ser otro que aportar resueltamente a la construcción de este esfuerzo colectivo y la perspectiva combativa de fortalecer el proyecto de la nueva democracia protagónica de abajo hacia arriba.

La fecundidad de la acción, cómo nos enseña el amauta José Carlos Mariátegui, se desarrolla en la multitudinaria movilización por la transformación del Estado y un nuevo sistema de vida. En la perspectiva, corresponde reafirmar cómo no es sino el mismo pueblo en sus diversos sectores sociales, que con criterio unitario y propositivo ratifica su decisión democrática de someter a consulta ciudadana la nueva Constitución Política. Esta ruta desde Caracollo a La Paz, ciertamente también significa la senda a recorrer desde el neoliberalismo hacia la liberación.