LA MENTIRA PLANIFICADA (*)

 

Marcos Domich

 

Lo que ha sucedido con la prensa transnacional los últimos días es algo que ratifica el hecho de que frente a la debacle moral y política del imperio y sus tentáculos políticos en el mundo entero, lo único que le queda es deformar la verdad, mentir para ver si puede reponer un  poco su deteriorada imagen.

 

El domingo pasado el presidente Chávez mostró su preocupación por lo que sucedía desde fines del mes pasado en la frontera colombo venezolana. Días antes paramilitares colombianos asesinaron a guardias fronterizos venezolanos; asimismo fueron capturados otros colombianos  en franca labor de espionaje. Pero también sucedió que se dio a conocer parte del texto de los acuerdos entre EUA y Colombia sobre el uso de las siete bases militares y que fuera firmado el 30 de octubre. Es un acuerdo para 10 años y establece que el Pentágono enviará 800 militares y 600 “contratistas”. Pero no acaban en eso las facilidades que otorga Uribe, aún en contra de su propia constitución política. Los militares estadounidenses podrán entrar y salir de  Colombia, como Pedro por su casa. Incluso no serán juzgados por crímenes que pudieran cometer en suelo colombiano. Todo esto se hace bajo dos pretextos: combatir el narcotráfico y el terrorismo. Sólo basta recordar que EUA y Colombia tienen un acuerdo para combatir el narcotráfico desde 1952. Es el país que más fondos ha recibido para este fin. Sin embargo el narcotráfico ha aumentado. A la guerrilla, a la que llaman terrorista, pues tampoco han podido derrotarla en más de 40 años. Resulta evidente que la estrategia fijada no tiene nada que ver con esos dos fenómenos.

 

Hay absoluta seguridad que el pretexto es sólo una cobertura para preparar operaciones contra quienes están perturbando los planes yanquis de continuar y reforzar su dominio en la región. Para conseguir este propósito - que puede requerir el uso de la fuerza, incluso de la guerra de agresión – debe “ablandar” la opinión pública. Entonces acude a su poderosa batería de medios de comunicación (cientos de canales de televisión, de diarios, radios y agencias informativas) y hasta a organizaciones como la SIP para deteriorar, estigmatizar, “satanizar” a quienes califica de “antinorteamericanos”.

 

La SIP, en situación de yegua madrina, en su reciente 65ª Asamblea, ha apuntado a Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y otros como peligrosos enemigos, sobre todo de la libertad de prensa. Acto seguido se conecta esta definición con la caracterización de estos regímenes como dictatoriales, totalitarios, belicistas y hasta narcotraficantes aunque para ello tengan que deformar groseramente la realidad, mentir calculada y planificadamente. Los regímenes díscolos son condenados y han perdido el derecho a seguir existiendo y sobre todo a continuar con los procesos de cambio que tienen lugar en sus países.

 

Chávez, acaso en un tono un poco subido, lo único que hizo fue debelar estos planes, ya antiguos, y decir que había que estar preparados para todo. No hay ningún apresuramiento, ninguna provocación. Es simple y llano conocimiento de lo que es capaz el imperialismo.

 

(*) Publicado en OPINIÓN de Cochabamba, el 14-11-2009.