COLOMBIA SACUDIDA POR LA MINGA

 

Marcos Domich

 

Hay muy escasa información acerca de la convulsión social que sacude a Colombia estos días. Pero en la olla de presión de la protesta social, se había acumulado tanto que no podía dejar de estallar, revelando no sólo el origen de aquella, sino recordando la historia de los sufrimientos del pueblo colombiano, a raíz de su inagotable rebeldía.

 

Hace casi 15 días (desde el 10 de los corrientes) se produce la “Minga Nacional”. Esta palabra que suena andina (como jornada de solidaridad y cooperación) comenzó en Cuatro Vías y la iniciaron los indios wayúu, a los que se sumaron a los corteros de la caña de azúcar (zafreros diríamos aquí).

 

La Minga de la Resistencia Social Comunitaria, como es su nombre completo, se fortaleció en el Valle del Cauca y se propone, pese a todas las amenazas, llegar a Cali, donde sostendrían un diálogo con el presidente Uribe. La marcha, como no podía ser de otra manera dentro del régimen uribista, ha sido reiteradamente atacada por las fuerzas policiales. Hasta la fecha se contabilizan al menos 7 muertos y más de 120 heridos.

 

La protesta se convirtió el día jueves pasado en una manifestación que ha alcanzado niveles nacionales y ha involucrado ya a millones de personas. El jueves se realizó una concentración que alcanzó a 50.000 personas en la Plaza de Bolívar en Bogotá. También millones de trabajadores se sumaron en un paro nacional que convocó a más de un millón de trabajadores.

 

El tono de la protesta ha llegado a que los dirigentes reales de la resistencia al régimen uribista llamen a los estudiantes a la “subversión” “a la rebeldía”. Así lo ha dicho públicamente la senadora Piedad Córdova, una mujer a todas luces hasta temeraria, dado terrorismo de Estado que domina Colombia. Expresiones tan terminantes provocaron que la llamaran apátrida. No se amilano y respondió: “Cuando me tildan de apátrida pueden tener razón. No quiero la patria que tenemos.

 

Todo comenzó como un reclamo de los corteros de caña. Más adelante se sumaron las protestas de los indígenas pertenecientes a diversas etnias que habitan Colombia y organizados en una variedad de organizaciones de corte social y étnico. En Colombia se reconocen 102 etnias, 18 de las cuales están en vías de desaparición por sus condiciones de vida y la agresión a su hábitat.  En definitiva tratase de gente pobre, atribulada por sus condiciones de vida y siempre reprimida.

 

Ahora las demandas de los indígenas que se han extendido a toda la sociedad incluye reivindicaciones que Uribe ya no puede ignorar: Territorios indígenas; rechazo al TLC, modificaciones a la ley de tierras y sobre todo “política de seguridad democrática” que implica poner coto a los desmanes de la policía, del ejército y de los paramilitares, (“que ya no existen pero siguen matando”).

 

Parece acercarse la hora de cambios reales en la Colombia aherrojada por un gobierno fascistoide y pro imperialista.