ISRAEL DEBE SER
CASTIGADO
Marcos Domich
Cuando todo el mundo esperaba que se
diera aunque sea un respiro al pueblo palestino, en la Franja de Gaza, el gobierno de Olmer ha
continuado matando y destruyendo sin piedad y sin pausa. Hace oídos sordos al
clamor universal de cesar con este holocausto que responde con exactitud a la
etimología del término: quemar y destruir hasta el último resto de la víctima
del sacrificio. Eso está haciendo el ejército israelí en Gaza.
Lo patético de todo esto es que la destrucción se lleva a cabo en nombre de la
liquidación de Hamas, enlistada como organización
terrorista. Pero la mayor parte de las víctimas son civiles y ante todo menores
de edad.
La cantidad de muertos sube de manera
impresionante cada día. Ya a fines de la semana pasada bordeaba el millar de
muertos. La cifra, en vez de disminuir, con el cumplimiento de los supuestos
objetivos que se ha trazado el gobierno israelita, va en aumento a un ritmo
mayor. El número de víctimas fatales ha pasado el millar y el de heridos llega
a casi 5.000. Los sobrevivientes no tienen qué comer ni dónde vivir.
Ahora nadie está a salvo. Desde un
comienzo bombardearon mezquitas, universidades y construcciones civiles.
Siempre pusieron el pretexto de que en esos sitios o se tenía armas o eran
puntos desde los que operaba Hamas
y se disparaba cohetes contra territorio de Israel.
La semana que concluye ha sido todo un
“éxito militar” judío. Puede sentirse muy contento el Jefe de Estado Mayor Gral. Gabi Ashkenazi. No ha derrotado a ningún ejército, pero ha
bombardeado más mezquitas, incluso hospitales; oficinas de ACNUR (la
organización de la ONU para refugiados) e incluso ha destruido un edificio de
tres pisos en el que se encontraba Said Siam el
ministro de interior del gabinete palestino. La táctica recuerda sin ninguna
novedad la utilizada por los Estados Unidos en Yugoslavia e Irak: No hay límites
entre la población civil y los combatientes. Todos sufren por igual la
“operación quirúrgica”. Como réplica a la leve condena del Secretario General
de la ONU Ban Ki-Moon, de que era “inaceptable” la agresión contra la sede
de ACNUR, Olmer, muy
orondo, dijo que habían tenido información que desde ese edificio se
disparaba contra las tropas israelíes. Cuando hasta los más allegados a Israel
afirman que la reacción de éste es sobredimensionada,hay que hablar precisamente de este episodio con
ACNUR. Si se trataba de disparos ¿era necesario bombardear para controlar a los
supuestos francotiradores?
Después de semejante reacción el
jueves, como para adormecer a la opinión pública internacional, lanzaron el bulo de que la operación “plomo
fundido” estaba llegando a su fin. Mentira total. Así han ido dando largas a su
agresión.
Esta vez el gobierno Israelí tiene que
ser castigado. Debe ser aislado y tiene que someterse a Israel a un bloqueo
total de armas. Sus actuales gobernantes deben ser llevados al tribunal
internacional de La Haya.