LA
LUCHA CONTINÚA
Marcos
Domich
Se va aclarando el panorama político.
Lo que no se aclaran son las cabezas de la derecha; sus alcances teóricos causan
lástima. El jefe de la trizada agrupación PODEMOS dice que, han cambiado
cerca de 150 artículos de
Entre los senadores y diputados hay
deserciones visibles y otras no tanto. En unos casos hablan de organizar sus
propias agrupaciones y en otros de permanecer en PODEMOS, pero con “línea
propia”. Los esfuerzos dialécticos para salvar al ex prefecto Fernández, de una
justa y segura condena, no alcanzan a tapar la evidencia de que el 11 de
septiembre no hubo ningún enfrentamiento. Se trató de una masacre con premeditación
y alevosía; con signos de genocidio. Las víctimas combinaban rasgos étnicos y
sociales, lo que avala una definición de esa naturaleza.
En tiempos de cambio social, los grupos
de extrema derecha tienden a salir a flote cuando las formaciones tradicionales
- partidos acartonados y reverentes - fracasaron y perdieron la capacidad funcional de defender
los intereses de las clases poseedoras. Después de la Revolución de Abril, liberales
y pursistas desaparecieron. Fueron reemplazados por
una fuerza abiertamente beligerante, el falangismo. Hoy, la antigua ADN se ha
reagrupado en torno a algunos cuadros atávicos, pero no representan ningún
peligro político sobre todo en las contiendas comiciales. Y ahí están. Esperan
ver cómo se pueden manifestar en una arena política de la que fueron
desplazados.
Cabe preguntarse: ¿Entonces, a qué
recursos acude la derecha para salir a flote en un momento en que todas sus
tácticas políticas han fracasado y las disidencias, los reproches y la
fragmentación los corroe? Pues hacerse los inteligentes y modernos y en una “comisión
clandestina” - con una troika concertante y
socialdemócrata - modificar artículos emblemáticos del cambio. Literalmente,
castrarles su contenido avanzado y enfilado al cambio revolucionario. Ejemplo:
hacer irreversible la propiedad latifundista; garantizar la propiedad privada
de los medios de producción y comunicación, cualesquiera que sea su condición y
tamaño; dejar en el limbo la gratuidad de la seguridad social; dejar el campo
libre al comercio de la educación privada y religiosa; la trampa de 2/3 para
todo, etc. etc.
Los arreglos al margen de la discusión
abierta, de cara a las masas, siempre son sospechosos. Entrañan el peligro de
concesiones. En medio de todo esto el Presidente parece ser el único que
mantiene una posición claramente antiimperialista, lúcidamente anticapitalista.
Eso nos obliga a decir que después del exitoso referendo de enero la lucha
continúa. En la lucha social no son los papeles, sino las acciones las que
cantan.