LA LUCHA CONTINÚA

 

Marcos Domich

 

Se va aclarando el panorama político. Lo que no se aclaran son las cabezas de la derecha; sus alcances teóricos causan lástima. El jefe de la trizada agrupación PODEMOS dice que, han cambiado cerca de 150 artículos de la Constitución de Oruro y le han extraído todo su carácter “comunistoide”. Una ridiculez ¿Qué artículo, qué inciso tenía ese carácter? Le desafiamos a que lo demuestre. Lo que pasa es que quiere mostrarse como un concertador para justificar el desastre en que quedó su tienda. Cada prefecto de la “media luna” anda por su cuenta. Costas y Marinkovic vuelan a Trinidad por separado, siempre lo hacían juntos y revueltos. El ideólogo de las “autonomía”, Urenda, renuncia a la prefectura cruceña. No ha explicado las causas de tan súbita determinación. Más todos se dan cuenta de que la procesión va por dentro.

Entre los senadores y diputados hay deserciones visibles y otras no tanto. En unos casos hablan de organizar sus propias agrupaciones y en otros de permanecer en PODEMOS, pero con “línea propia”. Los esfuerzos dialécticos para salvar al ex prefecto Fernández, de una justa y segura condena, no alcanzan a tapar la evidencia de que el 11 de septiembre no hubo ningún enfrentamiento. Se trató de una masacre con premeditación y alevosía; con signos de genocidio. Las víctimas combinaban rasgos étnicos y sociales, lo que avala una definición de esa naturaleza.

En tiempos de cambio social, los grupos de extrema derecha tienden a salir a flote cuando las formaciones tradicionales - partidos acartonados y reverentes - fracasaron y  perdieron la capacidad funcional de defender los intereses de las clases poseedoras. Después de la Revolución de Abril, liberales y pursistas desaparecieron. Fueron reemplazados por una fuerza abiertamente beligerante, el falangismo. Hoy, la antigua ADN se ha reagrupado en torno a algunos cuadros atávicos, pero no representan ningún peligro político sobre todo en las contiendas comiciales. Y ahí están. Esperan ver cómo se pueden manifestar en una arena política de la que fueron desplazados.

Cabe preguntarse: ¿Entonces, a qué recursos acude la derecha para salir a flote en un momento en que todas sus tácticas políticas han fracasado y las disidencias, los reproches y la fragmentación los corroe? Pues hacerse los inteligentes y modernos y en una “comisión clandestina” - con una troika concertante y socialdemócrata - modificar artículos emblemáticos del cambio. Literalmente, castrarles su contenido avanzado y enfilado al cambio revolucionario. Ejemplo: hacer irreversible la propiedad latifundista; garantizar la propiedad privada de los medios de producción y comunicación, cualesquiera que sea su condición y tamaño; dejar en el limbo la gratuidad de la seguridad social; dejar el campo libre al comercio de la educación privada y religiosa; la trampa de 2/3 para todo, etc. etc.

Los arreglos al margen de la discusión abierta, de cara a las masas, siempre son sospechosos. Entrañan el peligro de concesiones. En medio de todo esto el Presidente parece ser el único que mantiene una posición claramente antiimperialista, lúcidamente anticapitalista. Eso nos obliga a decir que después del exitoso referendo de enero la lucha continúa. En la lucha social no son los papeles, sino las acciones las que cantan.