LA CONTRAOFENSIVA IMPERIALISTA EN
BOLIVIA
Marcos
Domich
(Director de
Marxismo Militante. Secretario de Relaciones Internacionales del Partido
Comunista de Bolivia)
Desde que Evo Morales ganara las
elecciones de diciembre de 2005 se abre en Bolivia la posibilidad de iniciar
cambios profundos: Rescatar lo que el neoliberalismo había enajenado, sobre
todo las reservas de hidrocarburos; recuperar las empresas nacionales
subastadas; emprender un desarrollo económico que amplíe y fortalezca el magro aparato
productivo nacional, disminuyendo la dependencia y produciendo para satisfacer
las necesidades cotidianas de la población. Liquidar el latifundio
improductivo, devolver la tierra a sus legítimos propietarios y dotarles de ella a quienes no la
tienen. Restablecer derechos y
conquistas usurpadas a los trabajadores. Dignificar a amplios sectores
populares sumidos en la marginación y la pobreza. Emprender programas sociales
de vivienda, de extensión de la salubridad y de liquidación del analfabetismo,
etc. Por fin, dotar al país de una nueva constitución política que, sancionando
legalmente la ruptura con el neoliberalismo, además restablezca y garantice una
condición de igualdad y respeto a los pueblos indígenas hasta ahora oprimidos y
discriminados.
A no dudar las metas enunciadas
han inscrito al proceso político boliviano dentro de lo que se ha venido en
llamar el “giro a la izquierda” de la región. La presencia de un aymara en la
presidencia de la república ha dado un matiz peculiar al proceso boliviano en un
país multinacional, plurilingüe y multicultural. Tratar de iniciar los cambios que conllevan
estos objetivos, aquí expuestos de modo muy general y sucinto, no ha transcurrido
por un camino llano y rectilíneo. Desde el primer momento tuvo que afrontar a
la resistencia de las clases poseedoras, parcialmente desplazadas del poder y
por supuesto de la puesta en marcha de los mecanismos contrarrevolucionarios,
que configuran la contraofensiva del imperialismo.
La actual situación política
boliviana, que ha sido calificada de crítica, por la mayoría de los analistas y
medios de comunicación es, agregaría de mi parte, un “caso modelo” para
examinar la penetración imperialista y las actuales acciones desestabilizadoras
en contra del gobierno popular. El XII Seminario auspiciado por el Partido del
Trabajo de México, ha propuesto con acierto estudiar en el II punto del
temario, la cuestión del neocolonialismo en la etapa actual, la contraofensiva
y la situación particularmente en los países emergentes.
Nadie discute que en América
Latina se ha producido un notable viraje hacia la izquierda. Varios países, de
diversas maneras, han resuelto sacudirse del llamado modelo neoliberal, o cuestionar aunque sea su ortodoxia y emprendiendo
un camino de desarrollo con mayor autonomía de decisión y buscando recuperar,
al menos en parte, lo que perdieron durante el dominio del modelo impuesto a la
región, desde el “Consenso de Washington”. Tan importante ha sido este
movimiento histórico que no se ha dudado en calificarlo de ser la Cuarta Ola Revolucionaria.
No es nuestro propósito analizar
las distintas experiencias nacionales que, por una u otra razón, son incluidas
en el “giro a la izquierda”. Damos por supuesto que hay diferencias muy
marcadas entre uno y otro proceso. Algunos dibujan claramente un proceso
revolucionario en marcha; otros un proceso simplemente de cambios progresistas
y avanzados, en tanto que unos terceros apenas si han ablandado la rigidez de
un modelo, de otra parte, socialmente implacable, hasta cruel en su aplicación.
En otras palabras y por muchos que sean los atuendos democráticos de que se
revistan, los regímenes neoliberales, eran regímenes de dictadura burguesa. Es
que se ha olvidado que la dictadura de clase - de la que hablaban los clásicos del
socialismo científico - no es, sino la imposición de la voluntad, en este caso
de la burguesía pro imperialista. No es necesariamente cruenta pero
indefectiblemente, se manifiesta como violencia social.
Hay la tendencia a pensar en la
violencia social como un hecho físico o máximo de groseras manifestaciones
verbales. La violencia social no siempre tiene alcances físicos o los verbales,
puede manifestarse de muchas maneras incluso menos visibles, como las
compulsiones psicológicas. Los clásicos del socialismo científico definían a la
violencia social como una relación de contraposición entre clases sociales antagónicas
y que discurre, de manera permanente, sobre una base material y técnica. Son
las condiciones histórico concretas las que determinan los niveles y las formas
de exteriorizar la violencia.
El neoliberalismo, la forma más
reciente y al mismo tiempo más sofisticada del neocolonialismo, ha ejecutado su
programa de defensa, afianzamiento y expansión del capitalismo en muchos
aspectos de la vida social. Hoy se dan formas nuevas y peores de explotación de
los trabajadores; el sistema ha incidido en la organización de los asalariados,
los ha dispersado y desorganizado, los ha colocado en una situación de
indefensión. Ha logrado influir sobre su conciencia, privándole de gran parte de la
claridad que había adquirido y hasta ha creado una especie de laguna entre su
pasado de luchas duras pero victoriosas y una suerte de actual pesimismo
histórico. También ha influido sobre niveles de su subjetividad, de la
psicología social de la gente y hasta de la identidad y auto identidad de los
trabajadores. El orgullo de ser y sentirse proletario, ha sido atenuado por el
de “trabajador independiente” y hasta de “micro-empresario”. No deja de haber
cambios en las manifestaciones de la cultura y hasta de la religión, que no
analizaremos ahora.
El aparato propagandístico de la
burguesía ha logrado imponer la idea de que el neoliberalismo es esencialmente
un programa económico y por lo tanto es “técnico” y que nada tiene que ver con
la política. La verdad es exactamente lo opuesto. El modelo neoliberal es
inaplicable sin un sistema político capaz de imponer su voluntad aun a costa
del sacrificio humano. Tal vez el mejor ejemplo sea la experiencia chilena. En
realidad la dictadura de Pinochet fue la pionera, en América Latina, en la
aplicación de medidas de corte neoliberal que derrumbaron el anterior modelo “desarrollista” que, aunque capitalista
y mejorado en muchos aspectos por el gobierno de la Unidad Popular, propiciaba
un modelo de desarrollo económico con mayor autonomía, una base nacional
soberana y de más justicia social.
A pesar de que todas las experiencias
de vías de desarrollo democrático y de contenido popular han sido y son respetuosas
de las garantías ciudadanas y los derechos humanos, de los procedimientos
electorales de designación de las autoridades, de mantenimiento de la libertad
de opinión y los medios de comunicación, etc. el imperialismo, el
conservadurismo y la reacción interna son implacables. La esencia de su línea
política es la oposición a cualquier cambio; son partidarios a muerte del statu quo. Convertidos en una suerte de
intocables reaccionan incluso ante presunciones. Si las presunciones no tienen ni
siquiera indicios que avalen la posibilidad de realizarse acuden al invento. Entonces
hablan de que se viene la liquidación de la propiedad privada, de la usurpación
del producto de su (supuesto) abnegado trabajo; de la liquidación de la patria
potestad, etc.
La contraofensiva imperialista,
apoyada en las fuerzas de la reacción interna, actúa con un complejo mecanismo
de multifacéticas proyecciones, en lo que lo político predomina notablemente.
Los grandes intereses materiales por los que las clases poseedoras están
dispuestas a dar su vida casi no se los nota. Entretanto sí aparecen como
defensores de la democracia de la libertad; en la actualidad boliviana de las
autonomías y otros tópicos conexos. Conocidos explotadores, usurpadores,
inescrupulosos negociantes, aparecen poco menos que como gladiadores luchando
contra las fieras antidemocráticas y autoritarias. Obviamente todo esto
transcurre y llega a la gente en medio de un verdadero bombardeo mediático. La
paradoja de que la defensa de los intereses materiales pase encubierta o
disimulada se debe, sin duda, a la comunicación de masas. Esto requiere una
explicación. Lo propiamente inherente a la gran economía, por ejemplo, la
revisión de los contratos o el control a las grandes corporaciones petroleras,
parece pasar a un segundo plano, en el que no dejan de jugar un papel las
contradicciones y la competencia entre ellas. Algunas transnacionales se
avienen a la nuevas condiciones y al fin pactan acuerdos con el gobierno
popular. Es algo que ha sucedido con el proceso de rescate de la propiedad de
los hidrocarburos. Cuanto más lejano o ajeno es, para el conjunto de las clases
nativas poseedoras, el afectado, por ejemplo una transnacional, menos furiosa
es la reacción. En cambio, cuanto más próximo es a su bolsillo y a su círculo
de intereses y cuanto más extensa es la base social poseedora, la respuesta es
más virulenta. En la experiencia boliviana, por ejemplo, la afectación de la
gran propiedad terrateniente, provoca más conflicto y más violencia que
cualquier otro choque de intereses.
Es sobre esta base que se
produce la intervención del imperialismo y la digitación de todos los hilos
posibles que hacen mover a sus marionetas.
LA INTELIGENCIA PERVERSA.- Lo que a continuación
escribiremos no tiene consideraciones teóricas. No es, sino el pedestre relato de
una parte de la trama conspirativa del imperialismo y la reacción. Los datos de
esta descripción no contienen tampoco ninguna novedad. Se han dado y han
sucedido, desde hace mucho tiempo, en los países latinoamericanos y también en el
mundo entero; sólo cambian las formas, los personajes, las situaciones
concretas; las causas y la esencia de los hechos son las mismas. Empezaremos
por el papel de los llamados organismos de inteligencia.
Desde hace aproximadamente un
mes, la prensa boliviana, no deja de registrar el tema de los servicios de
inteligencia en Bolivia. El escándalo estalló el 23 de enero en las emisiones
nocturnas de la TV. Algunos comedidos hicieron llegar, a los medios de
comunicación, anónima y generosamente, un disco compacto que contenía las “pruebas”
de una labor de “espionaje gubernamental”, sobre todo a gente representativa de
la oposición. Después se publicaron en los diarios fotos y crónicas
prácticamente todos los días. Rellenaban la información fotos e informes sobre
el seguimiento a personas de la oposición. También figuraban un diputado y un
senador oficialistas; con seguridad para aparentar “imparcialidad profesional”.
El meollo de la “noticia”
estribaba en que el Servicio Nacional de Inteligencia de la Policía (SNIP)
habría espiado los movimientos de una docena y media de políticos y a algunos
periodistas. Por supuesto la derecha
alzó el grito al cielo y no faltó un senador que afirmó que esto demostraba que
había “terrorismo de Estado”. Pasó lo de siempre, la oposición reaccionaria
aprovechó el escándalo para rasgarse las vestiduras y estigmatizar al gobierno
popular y ensayar toda una campaña mediática con este objetivo.
El Comandante Nacional de
El organismo que distribuyó el
disco era el ex Centro de Operaciones Especiales (COPES), creado en 1987 al
margen de
La presidencia de la República
ordenó la disolución inicial de dos de las “inteligencias” creadas al margen de
las disposiciones legales. Además de ODEP fue disuelto el Grupo Especial
Táctico de Investigaciones de Delitos (GETIDE). Es en esta circunstancia cuando se descubre la existencia de otros
organismos de inteligencia o al margen de las estructuras oficiales o
cumpliendo tareas ilegales.
Los principales eran, además de
los dos anteriores: el Grupo de Seguridad Antiterrorista que trabajaba
directamente con la misión norteamericana. Hay 4 organismos más enumerados
como: F-2 o Servicios de Seguridad del Estado (SESE); F- 3 o Centro de
Inteligencia Policial (CEIP) y F-4 (Regional El Alto). También un “Grupo
Especial”, del que se sabe poco. El F-1 o
Dirección Nacional de Inteligencia de la Policía (DNI) era el único
conocido y que se encuentra plenamente dentro de la estructura legal del país.
Son sobre todo dos hechos los
que interesa tomar en cuenta: Primero, eran organismos creados a iniciativa de
los EUA y en parte sostenidos por ellos. Por ejemplo, el COPES-ODEP recibía,
por lo que se sabe, una suma de 350.000 dólares anuales y sus integrantes percibían
una paga extra de 300 o más dólares, lo que no es poco dado el nivel de vida y
salarios de Bolivia. La Constitución vigente señala taxativamente que ningún
ciudadano boliviano puede recibir paga alguna de entidades gubernamentales
extranjeras.
La labor del COPES-ODEP era, en
realidad, el seguimiento de funcionarios y gente del gobierno u otra vinculada
a los círculos de izquierda y movimientos sociales y sindicales. Todos los
informes eran conocidos primero por la embajada estadounidense y no eran de
conocimiento del ministerio de gobierno. Las investigaciones posteriores han
demostrado que este organismo no sólo hacía inteligencia para la embajada yanqui,
sino que planificaba provocaciones, como la del “espionaje” a la oposición.
Fue de uno de estos organismos
que salió la “información” de que había llegado al país un avión venezolano con
armas a la ciudad de Riberalta. El avión, en realidad, estaba de retorno a
Venezuela; además de ser apedreado, fue retenido un funcionario venezolano al
que propinaron una salvaje golpiza. Se incautaron de un maletín y afirmaron que
contenía algo más de 800.000 dólares, suma misteriosamente igual a la del
famoso maletín de Antonioni (ciudadano estadounidense-venezolano, ahora
refugiado en Miami, con la protección del gobierno de Bush). Dijeron que el
retenido en Buenos Aires llevaba dinero de Chávez destinado a la campaña presidencial
de Cristina Fernández. Este es un buen ejemplo de cómo los organismos de
inteligencia norteamericanos buscan convertir en verdades, añagazas de toda
índole, ampliamente difundidas por los medios.
Otra revelación substancial es
que los norteamericanos asesoraron la creación del grupo F-2 (SESE) para
realizar inteligencia en medios sindicales y de organizaciones sociales. Todo
muestra que no se ocupaban tanto de la inteligencia como procurar influir sobre
dirigentes sindicales para crear, en los medios laborales, un clima adverso al
gobierno nacional. Una vez creado ese clima, la tarea siguiente es provocar
conflictos y un estado de tensión colectiva. Con el justificativo de demandas laborales
insatisfechas se producen huelgas, paros, bloqueos de caminos, tomas de
instalaciones diversas, etc. También alguna vez ha sucedido que han enfrentado
a unos sectores de trabajadores contra otros de ramas similares. Por ejemplo
mineros cooperativistas contra mineros asalariados, etc. La característica de
estos movimientos es su radicalismo y la perentoriedad de los plazos que
otorgan al gobierno. Con este conocimiento, no es nada difícil explicarse cómo
algunos dirigentes sindicales aparecen ligados inclusive a intentonas
golpistas.
Hasta aquí lo que se ha descrito
es la ingerencia solapada del imperialismo a través de estos organismos
semiclandestinos. Sin embargo la osadía ingerencista ha alcanzado niveles nunca
vistos. USAID, una entidad supuestamente destinada a prestar cooperación no
militar ni política, aparece flagrantemente en los trajines conspirativos de
los últimos tiempos. Mantiene una serie de agencias que bajo el rótulo de
organizaciones no gubernamentales que actúan en municipios rurales, en
comunidades nacional-étnicas; se ocupan de la salud, del agua, etc. Es
imposible pensar que esa cooperación no se acompañe de influencia ideológica. Pero
también proporciona ayuda directa a acciones políticas, como el viaje de los
prefectos de la oposición a Washington.
LOS PRETEXTOS PARA LA “RESISTENCIA DEMOCRÁTICA”. El
descubrimiento de las actividades de las “inteligencias” es como apreciar la
punta de un iceberg. Por debajo de la superficie están las otras acciones que
preparan la reacción y el movimiento de sus múltiples fichas, de acuerdo a cada
situación concreta. Sólo nos referiremos a algunas de ellas y en el contexto de
los últimos acontecimientos y determinaciones del Congreso de la República.
Omitiremos la actuación de los partidos de la oposición y no nos referiremos a
la reorganización de viejas formaciones fascistas que casi habían caído en el
olvido. Las organizaciones políticas de la derecha, en la práctica, han
reducido su presencia a la actividad parlamentaria y más parecen unos altavoces
de los comités cívicos y las prefecturas opositoras.
Las principales fichas visibles
con que cuenta la reacción son los comités cívicos, agrupaciones como la
Coordinadora Nacional Democrática (CONADE) integrada por prefectos y por los
presidentes de los comités cívicos. También son fichas algunas agrupaciones
sociales, femeninas, algunos sindicatos, asociaciones profesionales y
formaciones juveniles. Estas últimas tienen a la Unión Juvenil Cruceñista (UJC)
como símbolo. Con su ejemplo se crearon otras asociaciones similares en otros
departamentos. La UJC fue creada en 1954 aproximadamente y la mayoría de sus
miembros eran, simultáneamente miembros de la Falange Socialista Boliviana. No
es una organización de actividad permanente; reaparece periódicamente cobrando
vigencia en tiempos de emergencia para la derecha. Sus “cuadros” están
preparados para la lucha callejera y para el matonaje contra gente sencilla y
generalmente indefensa. Su actividad consiste en el desplazamiento hacia puntos
conflictivos, donde tratan de imponerse por la exhibición y el uso de la
fuerza. El manganello de los fasci di combattimento de las escuadras
italianas ha sido sustituido por el bate de béisbol y el camión por lujosas
vagonetas.
Como anteriormente habíamos
mencionado, la llegada del gobierno de Evo Morales al gobierno venía acompañada
de algunas ofertas electorales centrales, entre las que mencionaremos sólo
cuatro de ellas: la recuperación de los hidrocarburos, la convocatoria a una Asamblea Constituyente que proporcionara
al país una nueva Constitución que implicara sobre todo la dignificación
ciudadana de los pueblos originarios y la liquidación del latifundio y la
distribución de tierras.
En la cuestión de los
hidrocarburos se ha dado un paso adelante y solucionado en parte y
favorablemente al interés nacional. No nos referiremos a la liquidación del
latifundio, cuya campaña en realidad no
ha comenzado y ha sido hasta diferida en consideración de los graves desastres
naturales de este año. Pero algunas acciones iniciales ya han mostrado la gran
resistencia – no excluimos sea armada – que presentaran los terratenientes.
El producto de
Es aún una incógnita el
desenlace del inevitable enfrentamiento, sobre todo porque no se percibe la
existencia de un mando único y coherente de las fuerzas populares y
revolucionarias. A la agrupación política del Presidente Morales, al MAS, le
falta organicidad y claridad en la visión política. También perjudica e impide
seguridad en las acciones la llegada de muchos advenedizos y carreristas que en
vez de aportar al proceso le ocasionan dificultades adicionales.
Sin embargo la izquierda real, la izquierda que
tiene experiencia y visión histórica, sigue apostando por el cambio y realiza
esfuerzos por la unificación de las fuerzas populares para enfrentar la
inminente embestida de la reacción y el imperialismo. Y lo que es más
importante: No pierde la esperanza en el triunfo de la razón y la causa del
pueblo.