PUEBLOS ESPERANZADOS Y HALCONES ARRINCONADOS
Marcos Domich
Mientras la crisis del
capitalismo continúa galopando y aplastando psicológicamente a millones de
personas en el mundo, hay lugares donde se festeja. Va ganando la convicción de
que se puede cambiar las cosas y que, al fin, “otro mundo es posible”. En dos
países se festeja: Después de años de dominio de la derecha, en Islandia, se ha
impuesto la centroizquierda, en bloque electoral con los “verdes”. La situación
de este pequeño país se había tornado dramática; fue declarado un “Estado en
quiebra”. La gente empezó a pedir la cabeza de los culpables que no era otra
que el gobierno mismo. Ahora una izquierda moderada está intentando sacar al
país de la postración económica. No es el único país con gobiernos que han
colapsado o están al borde del abismo. Por la misma razón han dimitido los
gobiernos de
También festejó Ecuador. El
presidente Rafael Correa se impuso y ha sido ratificado por otro período. Dijo
que su victoria era histórica. En efecto, de 1996 al 2006 hubo un desfile de
presidentes sin que ninguno concluyera su mandato. Ecuador era considerado el
país más inestable de América. Además vivió en medio de enorme corrupción y
desorden económico; el neoliberalismo se impuso campante y millones de
ecuatorianos abandonaron su país, en busca de cualquier trabajo para
sobrevivir. Un signo más acompaña el triunfo de Correa. Ecuador se reafirma en
la cadena de países con procesos de cambios progresistas. También se reafirma
la política exterior independiente; lo que se manifiesta sobre todo en su
relación con EUA. No habrá más la base norteamericana de Manta y ninguna
concesión a la política agresiva del gobierno de Uribe, que incluso invadió su
territorio y lo bombardeó.
A pesar de las grandes
diferencias entre la situación de los países de avanzada de América Latina y
los EUA, no se puede ignorar el nuevo contexto político que se está
configurando con la presidencia de Obama, que acaba
de cumplir 100 días en
P.S. En cuanto a lo de Panamá:
Aquí vale lo de que una golondrina no hace el verano y tampoco la culpa es de
la izquierda, sino de un gobierno tibio y socialdemócrata que no representó ni
a su padre, Omar Torrijos, y menos a la corriente de izquierda continental.