DE
Marcos Domich
Secretario de Relaciones Internacionales del PCB
Con las declaraciones del
que ha sido llamado “garganta profunda”, Ignacio Villa, y la apertura de una
serie de materiales encontrados en el stand de COTAS en Santa Cruz, se ha
cerrado una etapa de la investigación del grupo terrorista y sus planes bajo el
comando del boliviano-húngaro Eduardo Rózsa.
Éste no es sino el núcleo,
acaso el principal y el articulador del plan de las acciones terroristas, empero
con su desarticulación no se puede hablar aún de caso cerrado. A partir de lo
encontrado (armas, explosivos, documentos, mapas, videos, movilidades, etc.) se
está dibujando la red de conexiones, contactos personalidades, alcance de las
acciones y objetivo final.
El descubrimiento,
desmantelamiento y las conexiones y objetivos del núcleo de Rózsa
ha causado el efecto de un terremoto en la derecha boliviana y los grupos
fascistas. Están choqueados, se sienten descubiertos, exhibidos,
desnudos. Parecen haber perdido hasta la hoja de parra que ocultaba sus partes
pudendas. Se sabe lo que tramaban y hasta dónde querían llegar. Tardarán un
poco en reponerse del shock y volverán a las andadas.
Su única opción es la violencia que puede degenerar en el terrorismo franco. Hay
una poderosa razón: la preservación de sus intereses y el financiamiento
externo infinito; “poderoso caballero es don dinero”. No quiere decir que no
exista financiamiento interno, pero este es menor monta que el externo. El
estado confusional que les ha ocasionado la
revelación del núcleo Rózsa ha provocado hondas
fisuras y enfrentamientos que han aportado más datos y más testimonios.
Las revelaciones de la
empresaria Katty Rabczuk
son definitivas: ha dicho que tiene conocimiento que varios empresarios
cruceños aportaban entre 120 y 180.000 dólares (hasta más de 1.200.000 Bs) mensuales, durante la “tercera etapa” del proceso
“autonomista”. Sería interesante conocer en qué consistieron las otras tres
etapas que no fueron de su conocimiento. Lo que sí es seguro es que hubo gente
que inocentemente creía que trabajaba en pro de la autonomía, cuando lo que en
realidad se gestaba era un movimiento separatista. Su operador en la sombra es
“
Todo indica que la
“ideología” que inspiró este movimiento no era otra que la idea-fuerza de la
“independencia”, en particular de Santa Cruz. Bajo el pretexto de la libertad,
la democracia y el libre comercio, había que descuartizar Bolivia. Ya verían si
podían arrastrar a otras regiones, como las que incluyen en la llamada “media
luna”. La preparación ha sido larga y ha contado con poderosos inspiradores y sostenedores. Estos van desde los
carapintadas argentinos, como el ex mayor y espía Mones
Ruiz, pasando por el vértice, Alejandro Peña, contrarrevolucionario venezolano
y presidente de UnoAmérica, hasta llegar a Armando
Valladares y Carlos Montaner ambos terroristas
cubanos, prohijados por
Es enorme la lista de “instituciones”,
sobre todo ONGs ante todo estadounidenses. Como
los hongos, surgen en Bolivia, entre otras
Ya hace mucho tiempo
habíamos destapado las cartas que querían jugar los que sentían que se les acabaría la buena vida a costilla de otros, los
explotadores, latifundistas los importadores, los opresores y racistas. Esas
cartas son: derrocamiento del presidente mediante el clásico golpe o golpe con
características cívico-regionales (fracasado en agosto septiembre de 2007);
magnicidio y, ante el fracaso de éstas dos variantes de la contrarrevolución
acudir a lo último: la secesión. Esta es la carta en juego, sin descartar
totalmente que mantengan en la manga las otras. Por eso mismo, al tiempo que se
trabaja en la vía democrática para consolidar el cambio, en las elecciones de
diciembre, hay que promover la organización popular que esté en apronte para
repeler las nuevas acciones violentas que puede desencadenar una derecha ahora
desesperada.