Diez días
en Moscú
Un
reencuentro doloroso
Miguel
Urbano Rodrigues
¿Lo que sentiré en el reencuentro?
La pregunta, en tanto el avión corría por la
pista del Aeropuerto Domodedevo, en Moscú, me
incomodó por repetida. Desembocaba en un vacío.
Volvía a Moscú 15 años después de la última visita realizada como miembro de
una delegación de
Ahora, transcurridas 24 horas, aún tengo dificultad en organizar ideas e
interpretar emociones, en insertar en una reflexión coherente lo que veo y
siento.
Estoy en una explanada del Gum, en
Nada corresponde a lo esperado. Las sorpresas se encadenan en una cadena
desordenada.
En la memoria lo que quedó grabado no
fueron imágenes y sentimientos de pasajes por la ciudad en la agonía de la perestroika y en el inicio del consulado de Yeltsin. Lo que permanece como referencia, como punto de
comparación, es la remembranza del Moscú que visite más de una docena de veces
cuando era la capital de
El día está luminoso, casi no hay nubes en
cielo muy azul, y el sol caliente de la mañana incide sobre el zimbório de la catedral de San Basilio.
Hay poca gente aún circulando por
Pagamos, mi compañera y yo, 2500 rublos, el
equivalente a 56 euros, por dos ensaladas, una cerveza –extranjera porque no
servían rusa- un agua mineral y dos cafés.
Fue el primer alerta, para no olvidar que
Moscú es hoy la ciudad más cara de Europa.
El Gum, que conocí como gigantesco centro comercial
donde todo era barato, asumió la fisonomía de un shopping
donde trasnacionales de
En Arbat y la Nueva Arbat
Volví a Arbat en un
domingo frío y con viento. Al entrar en la calle que aparecía a los forasteros
como un ex libris de la vieja Moscú tuve inicialmente
la sensación de que el tiempo había parado al visitar, viniendo del Metro Smolenskaya, el palacete verde donde Pushkin
vivió tiempos de felicidad con su mujer, Natalia Goncharova.
La ilusión luego se deshizo.
Algunos artistas exponían, como antes, sus cuadros en medio de la calle y
pintaban retratos de turistas.
Pero la atmósfera de Arbat se modificó. La modernidad
transformadora se exhibía en las terrazas de estilo francés de los cafés, de
los restaurantes de cocina italiana, asiática, hasta norteamericana, en la
decoración de establecimientos de souvenirs, pero
también en la sequedad de los vendedores, en la frialdad de las empleadas de
todas las tiendas.
Choque mayor fue el sentido después, al descender a la antigua avenida Kalinin. Cambió de nombre como muchas calles y ciudades. Ahora
es Nueva Arbat.
Reconocí, inmutables, los enormes edificios de la época soviética. Pero
caminando por los pasillos –tal vez los más largos del mundo- la sensación de
que pisaba terreno desconocido fue inmediata. La publicidad antes inexistente, hoy
agrede al forastero.
Los casinos de la avenida fueron cerrados
recientemente por decisión de Medvedev en
cumplimiento de una ley que no era respetada. El juego pasó a ser permitido
solamente en cuatro ciudades del país. Pero las fachadas chillantes
de los casinos aún no fueron modificadas. Allí se perdían y se ganaban millones
en la ruleta, en el póker y las slot machines eran
un sorbedero de dinero
Entré en dos centros comerciales lujosos donde las tiendas de los grandes
costureros de Paris y de Roma y de perfumes famosos llaman la atención. Los
precios son astronómicos. Vi expuestos abrigos de pieles cuyo costo excedía 500.000 rublos
(11.200 euros). En una tienda de vinos –hay hoy decenas en Moscú- una garrafa
de Bordeaux de nombre para mi desconocido era
ofrecido por la bagatela de 45,000 rublos (1000 euros). Otras cuestan más de
20,000 rublos (445 euros)
Algunos supermercados funcionan durante las 24 horas del día.
En un estacionamiento de
Para mi sorpresa hay hoy en circulación más carros importados que rusos. De las
marcas tradicionales, según me informaron, solamente continúan en producción el
Volga y el Lada.
Pero las contradicciones en la capital son de tal tamaño que en
¿Cómo fue posible?
No ocurrió en la historia contemporánea
acontecimiento comparable al terremoto social que señaló la desaparición de
La transición del capitalismo para el socialismo, difícil e imperfecta, se
caracterizó por una exacerbada y prolongada lucha de clases.
La transición del socialismo al capitalismo, esa fue rápida, caótica, salvaje.
Leí millares de páginas sobre ese periodo de barbarie. En dos visitas breves,
en 1993 y 1994, testimonié el inicio de la transformación de la sociedad.
Conocía los hechos, más no la herencia.
Con frecuencia veteranos comunistas preguntan en Portugal: “¿Cómo fue posible?”
En reencuentro con amigos rusos –periodistas, ex-diplomáticos,
traductores- escuché, en las respuestas
a una infinidad de preguntas, versiones del sismo social no siempre
coincidentes en los pormenores más que no diferían mucho en lo tocante a los
efectos del vendaval contrarrevolucionario y al cuadro en que se desarrolló el
capitalismo salvaje.
En la destrucción de las estructuras económicas del Estado Soviético fue todo
tan rápido, absurdo y violento que la imaginación tiene dificultad en acompañar
el proceso.
El Moscú de los billonarios y de los pobres,
separados por una clase media anémica que sobrevive recorriendo al doble y
triple empleo, nació en la atmósfera caótica de la barbarie social incentivada
y tutelada por Yeltsin
después del fin de
El sistema de vouchers fue presentado al Occidente como una opción democrática
destinada a transformar a los trabajadores en propietarios de sus empresas. En
la práctica funcionó como instrumento de creación de riqueza y poder en las
manos de una clase dominante de tipo mafioso.
El desorden imperante, el desmoronamiento de la seguridad social, la
desaparición de derechos y garantías, el desempleo galopante, el desabasto, carencias generalizadas contribuyeron para que
en tiempo mínimo los trabajadores vendiesen por precio vil los vouchers recibidos, para ellos papeles sin valor.
Ex-directores de las empresas y ex–altos funcionarios
del Estado fueron los principales beneficiarios del proceso de expoliación de
los trabajadores. La venta de fabricas enteras al extranjero –muchas veces por
menos de un décimo de su valor- en negociaciones escandalosas, auspiciadas por
el Gobierno, facilitó también que apareciera una generación de millonarios. Los
años 90 quedaron en
Hombres y mujeres - Berezovsky, Abramovitch,
la hija de Yeltsin Tatianja
Diatchenko, entre muchos otros- que años antes vivían
de modestos salarios tuvieron, de repente, sus nombres inscritos en la lista de
las grandes fortunas del mundo.
La nueva economía rusa, se apoyaba en
bases virtuales, tan desligadas de la producción que se desplomó casi
instantáneamente.
En la crisis del año 98 vino todo para abajo.
El rublo se tornó de un día para otro en un papel sin valor y la pobreza
generalizada se agravó en todo el país, asumiendo proporciones alarmantes.
La ascensión de Putin a
La continuidad de una política antisocial, con la peculiaridad de ser aprobada
y elogiada por los EEUU y por los gobiernos de
La corrupción en amplia escala no desapareció. Asumió nuevas formas. El
Gobierno de Putin ganó la respetabilidad de que
carecía el de Yeltsin.
Moscú, otro país
Moscú tiene oficialmente 10 millones y medio de habitantes. Es la más poblada
ciudad de Europa después de la turca Estambul. Pero las estadísticas enmascaran
la realidad. Pocos arriesgan números, pero se admite que en la capital vivan
actualmente 13 millones de personas. ¿Porque la diferencia?
Nadie puede habitar en las ciudades sin autorización de residencia y los
ilegales no cuentan obviamente en el censo.
Oí repetidamente que Moscú es actualmente un
país dentro de otro, diferente, que es Rusia.
El comentario facilita el entendimiento de la contradicción: una prodigiosa
concentración de la riqueza en la capital de un país empobrecido, tercerizado.
Moscú es un pulpo monstruoso que atrae y digiere la riqueza producida en la
vastedad del mayor país del mundo. Allí se concentran en las manos de una clase
de enemigos del pueblo los lucros del gas, del petróleo, de los diamantes, del
oro, de gran parte de la plusvalía que el joven capitalismo ruso consigue
acumular a costa del sudor y del sufrimiento de los pueblos del territorio del
planeta más rico en recursos naturales.
Pero Moscú es una ciudad de desigualdades chocantes. La prosperidad arrogante
de la urbe de nuevos ricos, que se exhibe como vitrina del Siglo XXI, es
privilegio de una pequeña minoría. En la megalópolis la pobreza y la miseria
coexisten con el mundo cerrado de la clase billonaria
de raíces mafiosas.
En los estamentos más bajos de una clase media pauperizada son raros los que
para sobrevivir no tienen que recurrir al doble empleo o a la chapuza.
Casi todo lo que antes en los servicios públicos era gratuito o tenia un precio
simbólico es ahora de pago.
La enseñanza en las Universidades del Estado –las privadas son por ahora
inexpresivas- continua en teoría siendo gratuito. Pero el costo de las propinas
alcanza niveles elevadísimos. En
La situación creada por la corrupción en
En la salud el panorama no es muy diferente.
El antiguo sistema se arruinó. Por ley los cuidados de salud son aún gratuitos.
Pero los hospitales no la cumplen. Fuera de las urgencias casi todo es de pago.
La corrupción envuelve a funcionarios administrativos, médicos, enfermeros, la
totalidad de los servicios.
Los medicamentos son carísimos.
¿Para qué sirve
Una legislación abundantísima vino a señalar en Rusia
la transición para el capitalismo. Fueron redactadas, aprobadas y promulgadas
millares de leyes.
La mayoría no es cumplida.
En lo que se refiere a los salarios, los trabajadores se encuentran en la
práctica desarmados frente a la patronal. No existe un salario mínimo nacional.
En su lugar el Poder Local, establece en cada región un mínimo de supervivencia
que en la mayoría de las ciudades es inferior a los 3000 rublos mensuales (67
euros). Esa cantidad, no sirve ni para una mala alimentación.
La ley establece el 13° Salario. Pero en millares de empresas los trabajadores
no lo reciben. Los lay off
son frecuentes y muchos empresarios no pagan siquiera el salario del mes a los
trabajadores que toman vacaciones.
Los despidos, colectivos o individuales, no son dificultados por mecanismos mínimamente eficaces. Los sindicatos son incapaces de
defender los derechos de los trabajadores. Fueron reducidos a condición de
organizaciones de fachada que no cumplen una función social.
Intente informarme con amigos sobre la escala
de salarios en diferentes actividades profesionales. Pero no conseguí ir lejos.
En primer lugar los salarios de Moscú son mucho más elevados de lo que en
cualquier otra de las grandes ciudades, incluyendo Petersburgo, la antigua Leningrado.
Supe que la mayoría de las empresas, para evitar impuestos, paga una parte del
vencimiento por fuera. Muchos patrones retienen porcentajes del salario
estipulado con los trabajadores.
Las disparidades, entretanto, son enormes tanto en el sector público, como en
el privado.
Un general de cuatro estrellas o un magistrado en el tope de la carrera pueden
alcanzar unos 80 000 rublos (un poco más de 1800 euros). Un médico, un
ingeniero o un profesor universitario ganan la mitad de eso.
De ahí la ampliación de la corrupción, una lava que escurre por el conjunto de
la sociedad.
Hay control de precios en algunos productos. Pero es ficción. Verifiqué que el
mismo producto es vendido al público en cada supermercado por precios muy
diferentes, en algunos casos por casi el doble o mitad de lo fijado en una
tienda próxima.
Un amigo de Orel, ciudad a unos 360 kilometros al sudoeste de Moscú, me mostró la hoja de los
salarios pagados en el complejo azucarero local que emplea a cerca de 800
trabajadores. Allí el director tiene un salario de 35 000 rublos (780 euros);
los cargadores de sacos de 50 kilos, en turnos de 12 horas, trabajo devastador
para la salud, reciben 30 000 (unos 670 euros); el ingeniero-jefe gana 25 000
(550 euros); los economistas 17 000 (380 euros); los operarios de la refinería
8000 (180 euros); los capataces y los herreros también 8000, el mínimo es de
4000 (90 euros)
La disparidad con Moscú es considerable.
Le pregunté como consiguen sobrevivir con salarios tan bajos, siendo tan alto
el costo de vida.
“Los que pueden –aclaró- tienen otro empleo; casi
todos poseen allí casa propia. Mi hermano no tiene grandes problemas con la
alimentación porque crea gallinas y cultiva legumbres y frutas en un terreno
que recibió cuando destruyeron el Sovjose local. Pero
es casi unánime la convicción de que se vivía mucho mejor en la época de
La esperanza ausente en un presente sombrío
En mis diez intensos días moscovitas muchas horas fueron ocupadas por largos
paseos por calles, plazas y lugares de la ciudad que yo conocía y había amado
cuando era la capital de la Unión Soviética.
¿Qué procuraba al revisitar por la imaginación el
pasado?
Es difícil responder. Intentaba tal vez comprender
Cami
Yo la descubrí cuando se llamaba Gorky en homenaje al
autor de «
Antes el ritmo de la vida era lento. Nadie
parecía tener prisa. Ahora la multitud que la recorre, de la mañana al
atardecer, en este Agosto azul poco difiere, hasta en el vestuario, de aquellas
que en un flujo de contornos kafkianos se mueven en
las grandes capitales de Occidente con miedo de perder cada minuto.
Entré en muchas tiendas. Me impresionó especialmente un supermercado que hace
treinta años me llamo la atención por estar instalado en el piso térreo de un
antiguo palacio. La decoración de las paredes y techos, bellísima, fue
mantenida. Pero hoy solamente son allí ofrecidos al público productos de gran
calidad, a precios prohibitivos. El establecimiento adquirió una marca de
clase.
Consagre una tarde a revisitar hoteles donde me
hospedé en mis frecuentes visitas a Moscú.
El viejo Minsk, en
Revisite, naturalmente, algunos museos.
En el de
Dediqué también horas a recorrer el Museo de Historia Contemporánea de Rusia.
Antes se llamaba Museo de
La tentativa de manipulación se limitó a algunos párrafos de pequeños textos en
ingles colocados en la entrada de las salas.
En el Museo Pushkin
tuve también la sensación de que el tiempo había parado. A La museología
soviética le falta la tecnología y sofisticación de la francesa y británica.
Pero aquel maravilloso museo, en las
salas dedicadas a las antiguas civilizaciones, hace recordar al Louvre y al British Museum, empuja a los visitantes en cabalgata por el tiempo
a Grecia, Roma, Egipto, a Asiria, a Persia de los Aqueménides.
Estuve por primera vez en
En la mañana que por allí pasé eran escasos los fieles.
¿Porque reinventar una Catedral como aquella, además sin tradición? ¿Para qué
se derrocharon en aquel capricho de Yeltsin millones
en una época de miseria?
Todas las personas con quien abordé la cuestión coincidieron en la conclusión
de que la iniciativa confirma la irresponsabilidad que señaló el pasaje por el
Poder del hombre que destruyó no solo
Meditación en el Kremlin
Veinte años transcurrieron desde la última visita que hiciera al Mausoleo de Lenin, cuando
Sentí el deseo de volver allí con mi compañera. La cola era enorme. En tanto esperábamos, apareció una
señora que se dirigió a nosotros y otros extranjeros para garantizar el acceso
inmediato desde que le pagáramos cada uno diez euros. Algunos aceptaron.
En un cálculo sumario, evalué en un mínimo de 4000 euros mensuales lo que su
actividad ilegal le puede proporcionar, cantidad colosal en un país de salarios
muy bajos.
Cito el caso porque ilumina bien el funcionamiento de la máquina de corrupción
en
Caminé durante una hora por el recinto del Kremlin, entre las viejas
catedrales, y el Gran Palacio, el Palacio de los Congresos y otros edificios. Sentí,
más de una vez en aquel espacio, cercado por las murallas de ladrillo rojo de
la fortaleza medieval, el visitante atraviesa las paredes del tiempo en un
viaje por la historia profunda de los pueblos de Rusia.
En mi caso, cada sector de la fortificación, cada torre, cada iglesia, cada
palacio me confronta con épocas y personas cuyo pasaje por allí dejó marcas en
Fueron días intensos, en un reencuentro doloroso. Insuficientes para comprender
la complejidad de la nueva vida en un país con una cultura sin similar en el
mundo, muy diferente de cualquiera de las culturas de Europa Occidental.
Para sintetizar en un mínimo de palabras el sentimiento –balance de estos días
moscovitas diré que regresé a Portugal con la convicción de que el pueblo de la
gran ciudad perdió mucho de su antigua alegría de vivir. Es una impresión en
apariencia absurda, pero muy fuerte.
Hablé con gente amiga y otra que conocí
ahora. Esas conversaciones y lo que vi me llevan a la
conclusión de que, exceptuada, en el vértice, la nueva clase de
multimillonarios y los estamentos sociales de una burguesía en formación que
lleva una existencia holgada, la aplastante mayoría de los moscovitas con más
de 45 años siente ya la nostalgia de la vida antigua.
La gran ciudad se modernizó, adquirió la fisonomía de una megalópolis europea
cosmopolita donde a lo largo del día, la circulación de autos y personas es
permanente, alucinatoria a ciertas horas.
El Metro, que se degradara en los años de Yeltsin,
recuperó la belleza y el aseo. Moscú volvió a ser una capital mucho más limpia
que Paris o Roma. Más sobre ella, invisible, se tiende un manto de tristeza.
La falta de perspectiva es real y evidente. Lo mismos –y son, repito, la mayoría- que en el paralelo
entre el presente y el pasado esbozan un cuadro sombrío de la vida actual no
creen en un cambio en tiempo previsible. Recuerdan con agrado los años de
seguridad en el trabajo, de la ausencia del desempleo, de las pensiones, salud
y enseñanza garantizados, de las vacaciones pagadas. Pero no vislumbran
siquiera la posibilidad de una humanización del capitalismo implantado en el
país.
El deslumbramiento con el estilo de vida norteamericano, que en los años
posteriores al fin de
En ese sentido, la política de recuperación de la dignidad nacional,
transparente en el nuevo tipo de dialogo con Washington, contribuyó para el
prestigio de Putin y Medvedev.
No hablé, en contrapartida, con una sola
persona que no manifestase desprecio y aversión por Yeltsin.
Identifican en él no solo al enterrador de
Con alguna sorpresa mía, poco se habla ya de Gorbachov
y de Jruschov. Fueron casi olvidados, al contrario de
Breznev recordado con afecto por mucha gente.
¿Se apagó totalmente la esperanza del pueblo
ruso?
No es esa mi convicción.
Más de una vez a viejos amigos y gentes jóvenes escuché, al comentar los males
del presente, la afirmación de que la marcha del pueblo ruso por
Pensé en la miserable, famélica y atrasada
Rusia medieval, indefensa frente a las ininterrumpidas invasiones de los nómadas
asiáticos, en el flagelo que fueron los tres siglos de ocupación de parte del
país por las hordas de mongoles, en las invasiones de polacos y suecos, en la
entrada de Napoleón en Moscú y sus posterior derrota, en los monstruosos
crímenes cometidos por los alemanes en las dos guerras mundiales. Recordé los
siglos de la servidumbre. Más cuando nadie lo esperaba, fue también en Rusia
que surgió y venció la primera Revolución Socialista de
Admi
Ese naufragio, sin fecha en el calendario, creará condiciones favorables a la
emergencia de un mundo multipolar. Y en
el él pueblo ruso tendrá un papel insustituible que desempeñar.
Soy optimista. Al salir del túnel, Rusia,
creo, reencontrara la luz y el calor del sol.
Moscú y Serpa, Agosto de 2009
Traducción: Pável
Blanco Cabrera