DE
Marcos Domich
Nadie dudaba del triunfo de Evo Morales. Todos sabían
que vencería con más del 50 por ciento de los votos, pero pocos acertaron en el
porcentaje final. Conseguir un 64 por ciento, es alcanzar una cima poco
habitual. Sin embargo, ratifica el hecho de que donde hay unidad política en
las masas se puede lograr índices que se aproximan a una suerte de unanimidad
política. Para la otra orilla política - para la derecha y para el imperialismo-
el éxito de la candidatura popular ha sido una humillación nunca vista.
El triunfo ha permitido llegar al control de
importantes palancas del poder político y, en particular, de ambas cámaras
legislativas. Esto posibilita la aprobación de las leyes y códigos y el
nombramiento de autoridades que facilitarán una aplicación sistemática y
efectiva de la nueva Constitución Política del Estado (NCPE). Se ha dado una
situación sui generis, ahora es
posible hacer profundas transformaciones estructurales y superestructurales
por mandato de la constitución y las leyes. Antaño, la revolución, el pueblo en
armas o lo que se quiera, ejecutaban medidas revolucionarias sin más consulta
que el oleaje de la voluntad popular. En eso radicaba su legitimidad, pero
había el remilgo de que no eran “legales”, más aun, hacían trizas la vieja
legalidad que no era otra cosa que la ley formulada, como una obra de sastre,
exactamente a la medida de los intereses de los patrones y los monopolios. Hoy
es posible el cambio legítimo y
completamente legal.
Los comicios bolivianos tienen una doble proyección: una
exterior y otra interior. Eso se entiende mejor hablando de algunos prolegómenos
de los comicios. La inminencia del éxito de la candidatura de Evo determinó que
la reacción nativa y el imperialismo se expriman los sesos imaginando maneras
de perturbar el proceso electoral; como se dice, buscaron los tres pies al gato,
en el intento de invalidar las elecciones y hasta declararlas nulas. La
experiencia histórica nos muestra cómo se mueve una derecha en trance de sufrir
una derrota que, en el caso de las elecciones bolivianas de diciembre, marcan para
ella y sus sustentadores la posibilidad de una derrota estratégica. Derrota
estratégica quiere decir que el proceso de cambio continuará su marcha ascendente
e incluso podrá transformarse en un verdadero proceso revolucionario. He ahí el
meollo del asunto. A las clases dominantes le causa pavura su extinción
histórica.
Entre las medidas perturbadoras de las elecciones
estaba la resolución de la Corte Nacional Electoral para impedir el voto de
cerca de 400.000 ciudadanos observados.
La medida, a todas luces inconstitucional, iba en contra del espíritu de las
Constituciones, de la vieja y de la nueva, que garantizan, no limitan el derecho
al voto. Había un cálculo que no era sutil. El sondeo más conservador daba a
Evo un cincuenta por ciento de intención del voto. Por lo tanto, la proyección
indica que habría perdido 200.000 votos.
Otro de los objetivos de la perdidosa derecha fue impedir
que el futuro parlamento boliviano cuente con mayorías del MAS
en diputados y senadores, sobre todo en esta última cámara. En una errada
táctica buscaban impedir, a la bancada senatorial del MAS,
llegar a los dos tercios, para trabar la aprobación de leyes, de nombramientos,
etc. Su sueño se ha esfumado, apenas han elegido 10 senadores frente a 26 del MAS. Ahora también se explica la consigna del voto cruzado.
Querían forzar la disminución de diputados de la bancada del MAS.
Pero al final éste obtuvo 86 diputados contra 36 de su inmediato seguidor.
La campaña de la oposición se basaba en una labor
disociadora, mentirosa y provocadora, utilizando la poderosa batería de medios
de comunicación de masas a su servicio, medios tanto locales como internacionales.
Todos tocaron la misma partitura. El efecto buscado era deteriorar la imagen
del oficialismo, de la izquierda; atribuirle las peores acciones y las peores
intenciones. Se llega hasta imposibles tergiversaciones como en el caso del
comando mercenario dirigido por Rózsa Flores. Pese a
que estaba fichado desde años, denunciado incluso ante
La dimensión
externa es la proyección del éxito del pueblo boliviano en América
Latina. Con el triunfo contundente de Evo Morales, el llamado “giro a la
izquierda” continúa y pesará en las próximas elecciones y acciones políticas y
diplomáticas. José Mújica, del Frente Amplio uruguayo, derrotó inapelablemente
al derechista blanco La Calle. En Chile, el cantado triunfo de Sebastián Piñera, ha sido
congelado. Frei ha pasado a la segunda vuelta y tiene
la oportunidad de vencer al pinochetista gracias al
apoyo condicionado de la izquierda responsable
y madura del Partido Comunista, que retorna al parlamento después de 35 años,
del allendismo y la Izquierda Cristiana. El caso de
Chile llama a una profunda reflexión. La actitud del ex diputado de la
Concertación Marco Enríquez-Ominami, muy promocionado
por los medios de comunicación, es desconcertante: deja a sus seguidores a
votar por “cualquiera” de los finalistas. Para Enríquez-Ominami
no hay diferencia entre dictadura fascista y democracia burguesa
Frente a la cadena de victorias de las candidaturas demócratas
y progresistas y de izquierda el imperialismo continuará buscando por todos los
medios - incluidos los ilícitos - cortarla e impedir el acoplamiento de nuevos
eslabones. Para sus propósitos es un contraste que en cada nueva elección siga
el éxito del progresismo sobre el conservadurismo, de la izquierda sobre la
derecha.
Con todo este panorama, se debe fijar algunas
premisas que guíen la actividad de la izquierda, de la amplia representación
parlamentaria bajo la sigla del MAS y hasta del propio
gobierno. Debe imponerse, en primer término, una actitud de máxima
responsabilidad y coherencia política, de una conciencia precisa de las tareas,
del rumbo y de las metas que hay que alcanzar en el proceso de construcción de
la nueva sociedad.
Menos mal, aunque aun escasa, habrá una
representación parlamentaria plenamente
confiable en su firmeza política e ideológica, por su formación y compromiso
con la causa de la liberación nacional y social en la perspectiva de la
superación del capitalismo.
No será buena una actitud de arrogancia o de
satisfacción complacida por el rotundo triunfo. La derecha, que ha perdido chances en el campo de la confrontación democrática, volverá
a las andadas y cada vez con más furia producto de su impotencia política. Con
la facilidad que le conocemos, hay que temer que pase al terreno del complot,
de la resistencia organizada y a la asunción de la violencia social, incluso
del terrorismo. Frente a ello la organización vigilante del pueblo, de las organizaciones
sociales, de los sindicatos y de los partidos de izquierda será tarea
prioritaria. Hasta el momento ha existido una suerte de convergencia, no
precisamente pactada, entre las organizaciones y sectores mencionados. De lo
que se trata ahora es de convertir la convergencia en organización provista de
objetivos, programa y estructuras definidas. La consigna de la unidad sigue
siendo la más importante de esta etapa histórica. Aún de manera no pensada en
todos sus detalles, ha emergido el bloque histórico capaz de llevar a su meta
la tarea histórica de la construcción de la nueva sociedad. Campesinos y
campesinas, obreros y obreras, pueblos originarios, capas medias, profesionales,
intelectualidad avanzada y hasta pequeño
empresariado, constituyen la materia prima de ese bloque al que hay que
infundirle conciencia revolucionaria.
A la luz de
los resultados de las últimas elecciones puede inferirse varias conclusiones
que se traducirán de hecho en líneas de acción y tareas, a ser ejecutadas en el
nuevo período. En primer lugar habrá que buscar la manera de aplicar una serie
de ofertas electorales que no tienen sólo
ese sentido, sino que son, en verdad, medidas programáticas trascendentales.
Entre otras está la industrialización del país, con un nuevo sentido social.
Persigue un fin preciso, desarrollar las fuerzas productivas en sus dos
componentes, las filas de los productores, de la clase obrera y de los
instrumentos de producción. En el agro - además de estimular ciertos rubros
imprescindibles para la alimentación de la población y los requerimientos de
exportación - está la tarea de liquidar el latifundio y liberar las fuerzas
productivas superando el despojo más que centenario de los pueblos originarios.
Es una buena noticia que aún bajo la aplicación de la lenta ley agraria, por
ejemplo, se hubiera producido la reversión de 12.500 has. de
la familia Branco Marinkovic, comprometido no sólo en
la preservación del viejo orden, sino en la actividad contrarrevolucionaria.
Hay otros aspectos que forman parte del proceso de
cambios que podrán, al fin, ser aplicados al haberse ratificado en las urnas el
respaldo popular al gobierno.
Un momento muy importante es el conjunto de
disposiciones que, manteniendo el carácter unitario del Estado plurinacional y
republicano, establece el régimen de las autonomías departamentales,
regionales, municipales y de pueblos originarios. Este nuevo ordenamiento habrá
que aplicarlo procurando evitar las posibles fricciones entre los factores
concurrentes. Será una prueba a la imaginación y la creatividad y sobre todo al
patriotismo de los bolivianos que antepondrán el interés general al interés particular.
No es el objetivo de estas referencias tomar todos
los rubros que incluye el plan de desarrollo para refundar
el país y efectuar una verdadera revolución que, liberándolo de la dependencia
y democratizando su sociedad, conduzca a la construcción de un nuevo orden
social.
Concluimos refiriéndonos a la posesión de ciertos
recursos naturales que hacen de Bolivia un país privilegiado. Principalmente,
tenemos el litio y otros metales evaporíticos; el hierro
para la siderurgia del Mutún; las reservas de gas
natural. Algunos de los yacimientos que contienen estos recursos están entre
los más grandes del mundo. Hay que referirse también a los recursos hídricos y
la biodiversidad. Esto, es obvio, sigue despertando la ambición de las
transnacionales que no renunciarán a la idea de colocarlas bajo su dominio,
acudiendo a cualquier expediente.
Para finalizar, todo esto hay que llevarlo adelante
en el plano de la integración latinoamericana en el marco de los nuevos
organismos que se han organizado en la región. La Alianza Bolivariana para nuestros
pueblos de América Latina (ALBA-TPC), UNASUR, Consejo de Defensa Sudamericano y
otros convenios multi y bilaterales abren perspectivas
y posibilidades hace mucho tiempo esperadas para llevar a la práctica la
solidaridad internacionalista y la hermandad entre nuestros pueblos.